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¿Legítima defensa?

Quienes tenemos la firme convicción de que la vida comienza desde la concepción no podemos callar frente al debate sobre la legalización del aborto. Lamentablemente sucede lo contrario. A los defensores de la vida nos intimidan las amenazas de los activistas que califican de fundamentalistas, anticuados y retrógradas a todo aquel que se atreve a contradecirlos y a rechazar tajantemente cualquier tipo de interrupción del embarazo.

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En 2017 visitó El Salvador José Miguel Vivanco, director de la División de las Américas de Human Rights Watch. Esta es una organización de derechos humanos no gubernamental y sin fines de lucro, conformada por aproximadamente 400 miembros situados en todo el mundo. Vivanco, chileno de nacimiento, trabajó como abogado de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en la Organización de Estados Americanos (OEA). También ha sido profesor adjunto de derecho en el Centro de Derecho de la Universidad de Georgetown. En esa ocasión, Vivanco se refirió a la alta tasa de homicidios, habló de la ruptura del orden constitucional en Venezuela y finalmente trató el tema de la despenalización del aborto.

A Vivanco le preocupa El Salvador por dos temas en particular: la situación de la seguridad pública y el aborto. “El mayor peligro al discutir estos temas es caer en posiciones populistas o ideológicas. Caer en esto es una combinación explosiva que nos impide avanzar”. Según él, la discusión del aborto debe darse desde una “perspectiva jurídica y científica, no religiosa o moral”. El experto reconoce causales legítimas para interrupción de embarazos, como cuando peligra la vida de la mujer o no hay viabilidad por parte del feto que pueda subsistir posteriormente al parto. Además, lamenta que esta prohibición absoluta “afecte primordialmente a las mujeres más humildes”.

Al consultarle sobre la ponderación de derechos, es decir, cuál derecho vale más, el de la madre o el del niño que se encuentra en su vientre, Vivanco citó un ejemplo sorprendente para apoyar el aborto. Dijo que se trataba de un caso similar al de una persona que asesina a otra por “legítima defensa”. Esta última es una situación que se presenta, por ejemplo, cuando alguien es amenazado con un arma para robarle y precisamente, para protegerse, la víctima, que también está armada, le dispara al ladrón. Vivanco dice que en este hecho podría valer más el derecho a la vida de quien fue intimidado por el asaltante que la de este último. ¿Cómo puede equiparar este suceso al de un aborto que se quiere justificar por la posibilidad que la madre muera si da a luz a su bebé? ¿El bebé es el asaltante y la madre la perjudicada que para resguardar su vida debe asesinar a su hijo? Se trató de un ejemplo absurdo, desatinado y confuso.

Nos encontramos frente a un oscuro torbellino en todo el mundo en contra de la vida y de la familia tradicional. A la comunidad salvadoreña le toca librar su propia batalla frente a quienes pretenden desnaturalizar la existencia del no nacido. Nos beneficia el resguardo constitucional que protege la vida desde el momento de la concepción. También favorece el hecho que somos más los que creemos en los valores transmitidos de generación en generación; el problema es que nos aterra reclamar para prevenir represalias. Tenemos que sobrepasar ese pavor y encarar esta ola de libertinaje que puede ahogar a nuestros hijos e hijas. Estas últimas necesitan un héroe para poder abrirse paso por esta traicionera sociedad. Y esto nos obliga a formarnos para orientarlas cuando tengan que decidir. Finalizo recomendando el libro “Padres fuertes, hijas felices”, de Meg Meeker; lo encuentran en cualquier librería católica. Allí descubrirán excelentes consejos para librar esta lucha.

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