Levantar la cabeza

¡Los salvadoreños tienen la capacidad de sacar adelante a su país! ¿Por qué no lo hacen? Una primera respuesta se lo atribuye a problemas actitudinales, por ejemplo: (1) un alto porcentaje de connacionales desea emigrar y opta por agachar la cabeza ante los gobernantes; y (2) un número reducido de conciudadanos está dispuesto a participar y corregir el rumbo que lleva El Salvador.
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Hay factores psicosociales que contribuyen a que innumerables conciudadanos agachen la cabeza y se mantengan alejados del quehacer político. Uno de esos factores es el miedo a actuar públicamente, recuérdese que hubo más de 75 mil muertos y desaparecidos a causa de la violencia política (1980-1992) y van más de 100 mil muertos y desaparecidos por la violencia delincuencial (1998-2017). Otros factores son: (a) la pérdida del sentido de pertenencia (30 % de compatriotas vive en el exterior), y (b) la descomposición social y el dolor que están a la base de la expansión del crimen organizado (jóvenes entre 15-29 años de edad representan la mitad del total de homicidios).

Entre los factores socioeconómicos que generan postración están: (1) el subempleo alcanza el 43 % (personas que no trabajan la jornada completa o solo parte del año), (2) el elevado costo de la vida menoscaba la economía familiar, y (3) solo una cuarta parte de la población económicamente activa tiene cobertura de seguridad social. Esta realidad contribuye a que incontables personas tengan que realizar o aceptar un sinnúmero de abusos e irregularidades para sobrevivir (informalización y criminalización de la economía).

Lo crítico de esta disfuncionalidad es que sucede en una sociedad violenta, fragmentada y polarizada, la cual se manifiesta a través de cinco segmentos poblacionales: (1) conciudadanos indiferentes (apáticos); (2) connacionales intimidados (sumisos); (3) coterráneos degradados (malandrines); (4) paisanos ideologizados (intolerantes); y (5) compatriotas comprometidos (sensibles). Estos cinco segmentos ponen al descubierto las diferentes actitudes de los salvadoreños y la conveniencia de que los gobernantes favorezcan e inviertan en la cohesión social. De aceptarse esta hipótesis, convendría activar la participación ciudadana e implementar medidas como las siguientes.

Medida 1. Incorporar en el programa de ajuste fiscal que se acuerde con el FMI, la disposición de destinar al menos el 60 % del gasto e inversión pública en tres prioridades nacionales en las próximas dos décadas, y rendir cuentas sobre el uso de esos recursos y el logro de las metas que se fijen.

Medida 2. Establecer en los programas de gobierno de los próximos candidatos presidenciales, el compromiso de suscribir un acuerdo vinculante con cooperantes bilaterales y multilaterales para destinar al menos el 60 % de préstamos y donaciones a las tres prioridades nacionales establecidas.

Medida 3. Crear un observatorio autónomo –gestionado por la sociedad civil y el círculo académico– para monitorear y evaluar el cumplimiento de las dos medidas anteriores.

Conclusión: el rescate de El Salvador depende de que sus ciudadanos (gobernados) levanten la cabeza y los gobernantes actúen responsablemente. De lo contrario, el país caerá en la insolvencia financiera y la anarquía. Consiguientemente, la sociedad civil y el círculo académico deberían poner en marcha un mecanismo conjunto y transparente para establecer prioridades con los dirigentes partidarios y gubernamentales, debatir propuestas y divulgar los compromisos suscritos en el período electoral 2017-2019.
 

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  • ciudadania
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