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Libros de 2012 (III)

El recién terminado 2012 no fue un gran año para la literatura salvadoreña.
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Libros de 2012 (III)

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Que cada quien haga su propia lista. La mía es esta: “Fragmentos del azar” (Revuelta), de Alfonso Kijadurías, y las reediciones de “Teoría para lograr la inmortalidad” (DPI), de Ricardo Castrorrivas, y “Baile con serpientes” (Tusquets), de Horacio Castellanos Moya. Sí, he preferido dos libros del pasado a las novedades del año que finalizó.

“Teoría para lograr la inmortalidad” es un libro que no pierde frescura y aire juvenil pese a que su primera edición se realizó en 1972. El prólogo que acompaña la nueva edición lo llama “original, provocador, alucinante”. Quizás son muchos adjetivos. Se trata, más bien, de un libro desigual. Algunos relatos finalizan con humoradas que imitan el estilo de Álvaro Menen Desleal, como “Brevedad del cuento”. Los mejores dones de Castrorrivas están en narraciones como “Teoría para morir en silencio” y “Crónica de los malditos”, que bastan para hacerse un lugar entre mis favoritos del año.

Aunque suele considerarse una obra menor, “Baile con serpientes” contiene las claves de la narrativa policial desarrollada por Castellanos Moya. Publicada originalmente en 1996, cuenta las andanzas de un sociólogo desempleado y cuatro culebras venenosas. Es una novela con un ritmo efectivo, que mezcla realidad y fantasía, dosis de sexo, suspenso y buen humor.

“Fragmentos del azar” reúne medio centenar de poemas que forman parte de un volumen más extenso, y todavía inédito, titulado “Todo el rumor del mundo”. Poemas breves, en verso libre: pequeñas joyas trabajadas con la delectación de un orfebre, que tienen a la muerte como una de las presencias principales.

Advierto que no tuve chance de leer todo lo que se publicó, y que tampoco me sentí obligado a terminar libros que se volvieron imposibles de continuar leyendo. Pero doy fe de que el pasado año se caracterizó por la irrupción de voces emergentes (Miroslava Rosales, Elena Salamanca, Katheryn Rivera, Roxana Méndez, Lya Ayala, Alberto López Serrano y Mauricio Vallejo) gracias a la actividad de pequeñas editoriales. Libros como “Las perlas de la mañana siguiente” y la curiosa antología “Perdidos y delirantes” de Vladimir Amaya son evidencias de ese trabajo tenaz.

A su vez, la editorial estatal, la DPI, le dio continuidad a su prestigiosa colección Ficciones publicando, además del ya mencionado volumen de Castrorrivas, “Los poetas del mal” de Manlio Argueta. El esperado regreso de Argueta a la narrativa, después de muchos años de silencio, fue con un libro que intenta reconstruir el mundo del militarismo y el exilio mediante un enredo verbal poco emocionante.

Descender a los infiernos, aunque se oye excitante, es una empresa que no siempre termina bien. En su poema “Dante”, Luis Alvarenga aborda la barca de Caronte para encontrarse con que su país está en el círculo más pequeño del Infierno. Es esta una idea maravillosa que daba para más, si tan solo el poeta hubiera puesto a un lado su tentación de filosofar.

Se publicaron también dos libros de ensayo sobre literatura. No he leído aún “Las huellas del delirio. La novela salvadoreña de posguerra”, de Mauricio Aguilar Ciciliano. Espero completar la tarea en el nuevo año. Para mí, “Literatura. Análisis de situación de la expresión artística en El Salvador” (Accesarte) de Tania Pleitez Vela es un punto y aparte en la manera de enfocar la literatura en el contexto del país. Publicado en formato electrónico en agosto del año pasado, es actualmente uno de los libros salvadoreños más consultados en la web.

Ya veremos los libros de 2013.

(Lea más en: http://talpajocote.blogspot.com/)

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