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¿Lidera y conduce alguien la economía y las finanzas públicas?

¿Si en el gobierno no hay quien lidere la economía y las finanzas públicas, ni en ARENA hay propuesta, cómo van a negociar entre sí y luego con el Fondo? ¿Quién le pondrá el cascabel al gato?
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Cuando, finalmente, los salvadoreños caímos en la cuenta de las implicaciones del bajo crecimiento de la economía, de la inminente crisis de la finanzas públicas y del ajuste fiscal que se avecina, debemos ahora preguntarnos: ¿Lidera y conduce alguien la economía y las finanzas públicas?

El gobierno saliente (Saca) y entrante (Funes) negociaron en la transición el acuerdo precautorio con el FMI. Alex Segovia lideró desde la Secretaría Técnica de la Presidencia, el diseño de la visión y estrategia de desarrollo de mediano plazo que finalizó un año después de asumir el gobierno. Pero fue Carlos Cáceres, el ministro de Hacienda, quien tuvo el sartén por el mango de las principales decisiones en materia fiscal que determinaron crecientemente las decisiones económicas más importantes. La visión liderada por Segovia comenzó a ejecutarse parcialmente en la segunda mitad del gobierno, así como el Asocio para el Crecimiento y el diálogo/negociación en el Consejo con los grandes empresarios, dejando listo para su aprobación el FOMILENIO II. En tres años en el Ministerio de Economía, Héctor Dada lideró el diseño de la política industrial en diálogo con los industriales, y la del fortalecimiento de la pequeña y mediana empresa, iniciando además el proceso de focalización del subsidio al gas. Las leyes y sus reformas con la oposición las negociaba Hato Hasbún, con apoyo primero de Gerardo Cáceres y después de Herbert Saca, pero de la mano del ministro de Hacienda. El presidente del Banco Central, Carlos Acevedo, fue quien mejor advirtió públicamente los peligros que acechaban a la economía y a las finanzas públicas.

El gobierno anterior le dejó al actual una visión de mediano y largo plazo y un Plan de Gobierno pendiente de ejecutar completamente, además de un estudio sobre la situación y deuda previsional y sobre el imperativo y urgencia de su reforma. En la transición, el gobierno entrante conoció “la bomba” de las finanzas públicas y de la deuda previsional; la visión y estrategia del Asocio para el Crecimiento; el Plan Maestro para la ampliación del Aeropuerto y sus dos opciones de financiamiento; las decisiones del anterior gabinete económico para viabilizar la concesión exitosa del Puerto de La Unión, y la importancia de impulsar el corredor logístico entre los Puertos de Cortés y La Unión; el proyecto –financiado por el BID– de impulsar la reindustrialización exportadora con el sistema logístico-holístico; y muchas otras iniciativas viables listas para su ejecución.

Pero este gobierno desnaturalizó el Asocio para el Crecimiento, abandonando su visión y proyectos, y la parte del Plan de Gobierno saliente pendiente de ejecutar. Se salvó el FOMILENIO que el Gobierno de Estados Unidos decidió, deliberadamente, inaugurarlo con el presidente entrante. El secretario técnico y de Planificación de la Presidencia que lideraría la economía y las finanzas públicas fue Roberto Lorenzana mientras el presidente aceptaba la propuesta del presidente saliente de nombrar a Cáceres ministro de Hacienda, cuando las finanzas públicas entrarían en una etapa crítica. Para su sostenibilidad urgía relanzar la inversión privada y el crecimiento, ejecutando –sin tregua ni pausa– todos los proyectos avanzados y aquellos pendientes. Y, simultánea y urgentemente, había que impulsar una reforma fiscal integral y una reforma previsional con la mejor asesoría internacional, involucrando a ARENA, aún mas después de ganar un tercio de los diputados en las elecciones a principios de 2015. La estrategia debía ser integral y consensuada, no enfocada en administrar y mejorar la caja, ni tampoco ejecutada unilateralmente.

Cáceres lideró iniciativas parches para mejorar los ingresos fiscales, sin impulsar reforma fiscal integral alguna. Tampoco podía controlar los crecientes gastos en el Ejecutivo y aún menos en el Legislativo y Judicial, convenciendo al presidente de la república de una reforma previsional que no era tal sino una iniciativa para mejorar la situación de la caja fiscal hasta el final del gobierno, sin reforma paramétrica alguna. El secretario técnico y también el de Comunicaciones dijeron públicamente que esa solo era una propuesta mientras el superintendente del Sistema Financiero y el presidente del Banco Central expresaron internamente sus reservas. Pero esa resultó ser la propuesta que respaldó el presidente.

Al jalarse GANA y otros partidos de la oposición, se derrumbó “la solución parcial” creciendo la perspectiva de varios defaults. Solo entonces, al borde del abismo, aceptó el gobierno/FMLN negociar con ARENA y el FMI, y ejecutar un ajuste fiscal.

¿Si en el gobierno no hay quien lidere la economía y las finanzas públicas, ni en ARENA hay propuesta, cómo van a negociar entre sí y luego con el Fondo? ¿Quién le pondrá el cascabel al gato?

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