Liderazgo político

El liderazgo político es, hoy en día, un atributo en mucha demanda pero de poca oferta. El buen líder político es una especie en peligro de extinción. El mundo ha dejado de producir líderes cuando y donde se necesitan.
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El descontento con la clase política es preponderante a escala mundial. Eric Schmidt, presidente de Google, reflexiona: “Me gustaría encontrar la manera de traer de regreso un modelo más robusto de liderazgo, responsable y respetuoso, capaz de dirigirse a los problemas y solucionarlos, en lugar de solo hablar de ellos. Nos falta la clase de liderazgo que conducirá a las sociedades hacia adelante, y algo está mal cuando es tan difícil maniobrar políticamente”.

¿Qué es un líder? Se usan las palabras capacidad, guiar, inspirar, comunicar, influir, entre otras, como cruciales características de un líder. Martin Luther King Jr. dice: “Un genuino líder es aquel que no busca consenso; es aquel que construye consenso”. Profundo pensamiento: el que busca consenso busca a aquellos que concuerdan con su pensamiento, el militante, el dogmático, el interesado, los allegados. La palabra negociación no está en su vocabulario, confronta, descalifica, se alimenta del desacuerdo; en cambio, el que construye consenso, construye los espacios necesarios para concertar, propone y propone, sus propósitos son para beneficio del colectivo, no es excluyente, la negociación es concepto central de su proceder, sabe que la paciencia es una virtud.

En esencia, un líder provoca acciones del colectivo a través de la persuasión, pero para persuadir hay que tener clara dirección. Inspira, asocia y compromete a todos con una visión clara, transparente y contundente. Sin visión no hay causa, sin causa no hay mensaje, sin mensaje no hay dirección; es competitivo y feliz; con un buen grado de auto-conciencia y auto-regulación, de empatía y socialización; comunicativo, alguien que nunca cierra las puertas al diálogo; alguien firme y contundente en su actuar cuando las circunstancias lo demandan.

Un líder no doblega, ni avergüenza, mucho menos aporrea a aquellos que representa; inspira con su comportamiento, sus maneras, su compromiso.

Cubeiro y Gallardo dicen: “Un líder es saludable, sereno, sincero, sencillo, simpático, servicial, sinérgico”. Las siete “eses” de los grandes líderes desde tiempos inmemoriales. Un buen líder político no puede estar ciegamente amarrado a los colores de un partido o de una gremial, mucho menos a sus propios intereses sobre los intereses de aquellos que representa. Un buen líder político pondrá siempre los intereses de país por encima de todo otro interés.

La incuestionable meta de todo líder político es velar por la prosperidad de todos los que representa. La prosperidad del colectivo es directamente proporcional a la calidad del liderazgo político.

¿Qué debemos esperar de nuestros líderes políticos? ¡Que cumplan y se comporten! ¿Y nosotros? ¡Exigir! La importancia de grandes líderes políticos es innegable. Líderes mediocres, líderes simples, transicionales, no son suficientes para los destinos de la nación. Se necesita de “grandes” líderes para lograr la sostenible prosperidad de nuestro pueblo. Las políticas populistas, diseñadas para el beneficio propio y para asegurar su permanencia en el poder, debilitan la economía, empobrecen a la clase media y aun más a los pobres. Nuestros líderes deben comprender lo fácil que es destruir y lo difícil que es construir.

En las elecciones que se avecinan debemos de expulsar, echar, despedir, botar, por la puerta grande, a todos aquellos “líderes” que no han cumplido con nuestras expectativas; y no “elegir” a aquellos candidatos producto del nepotismo, del favoritismo, sin mérito alguno para el puesto. ¡La nación así lo demanda!

Más de lo mismo nos llevará al mismo hoyo en que nos encontramos.

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