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Llega mayo, primer mes de nuestra estación lluviosa, con toda su carga de simbolismos inspiradores: voluntad, fe, amor...

Recibamos este mayo con las mentes abiertas y los ánimos dispuestos, como corresponde para afianzar presente y asegurar futuro. El 1 de mayo, el 3 de mayo y el 10 de mayo nos observan como padrinos bienhechores.
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Llega mayo, primer mes de nuestra estación lluviosa, con toda su carga de simbolismos inspiradores: voluntad, fe, amor...

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El próximo lunes será el primer día de mayo, y estaremos así en un mes que nos trae inspiraciones y revelaciones de profunda significación para el desempeño de la vida. Partimos siempre de considerar que cada día tiene lo suyo, porque lo que somos y lo que queremos ser se va manifestando a diario, con todas las potencialidades que eso acarrea; pero las fechas emblemáticas sirven siempre para recordarnos lo esencial, y en ese sentido queremos hoy enfocarnos en tres fechas del mes que inicia: 1 de mayo, Día del Trabajo; 3 de mayo, Día de la Cruz y 10 de mayo, Día de la Madre. La voluntad, la fe y el amor, representados por símbolos que tienen una enorme fuerza evocativa y proyectiva.

Aunque el Día Internacional del Trabajo asume su propia identidad como expresión reivindicativa de un fenómeno social de amplias proporciones, aquí lo que destacamos prioritariamente es la fuerza de la voluntad humana en clave de autorrealización. Nadie ha venido a este mundo a ser una expresión mecánica: todos estamos aquí para construir destino, y el trabajo es la vía principal para lograrlo. El trabajo, pues, constituye la expresión más viva de la voluntad de hacernos viables como personas. Y al respecto hay que destacar el hecho de que todas las formas del trabajo, aun las que parecen menos relevantes y poco significativas, son espacios para la creatividad y para la superación. En esa línea nunca olvidaré aquella enseñanza tan gráfica de nuestro gran maestro don Rubén H. Dimas, que nunca se cansaba de exponer las virtudes de la democracia creadora e impulsora: “Si has de convertirte en barrendero del pueblo tienes que proponerte ser el mejor barrendero de todos”. El trabajo, pues, es el vivero más fértil de la voluntad y el escenario ideal para desplegar la excelencia.

El 3 de mayo es por tradición en nuestro ambiente el Día de la Cruz, y dicha tradición tiene la especial virtud de ser un vivificante cruce de culturas: la cultura prehispánica y la cultura cristiana. El culto a la fecundidad de la tierra y el culto a la fecundidad de la fe. Ese día se acostumbra plantar en las casas una cruz de madera adornada de listones multicolores y rodeada de frutas de estación. Es el sacrificio que florece y fructifica. La tierra vive como un ser con identidad propia, y la fe es una especie de lumbre peregrina que nunca descansa. El 3 de mayo, como parte de la celebración natural, se presentaba siempre, con puntualidad exacta, una tormenta fuerte, augurio de las humedades fecundas. Hoy, la indisciplina global del clima ya no deja nada por seguro, pero en todo caso la vibración salutífera de la fe nunca dejará de estar presente. Reavivemos, entonces, el Día de la Cruz, no sólo cumpliendo el rito sino sobre todo haciendo que las energías individuales y nacionales recuperen sus cauces originarios.

A la misión de la voluntad y a la misión de la fe se junta la misión del amor. El 10 de mayo se celebra el Día de la Madre, que es la encarnación del amor más puro y seguro que puede haber sobre la tierra. Aunque hay otros amores que pueden estar en el mismo nivel, como es el amor firme y radiante de pareja, es en la madre donde se halla encarnado el vínculo amoroso inicial y permanente. Pero en verdad lo que aquí más importa es el amor en sí como fuerza motora de la vida. Sin amor no hay luz interior, y es como deambular por un laberinto sin salidas. El amor hace que arraiguen todas las potencias del espíritu y que sea posible hacer del vivir el ejercicio de las supremas realizaciones. El amor es a la vez una corriente de brisa y una ráfaga impetuosa, según sean las circunstancias del respectivo momento existencial. Y por eso en el 10 de mayo, Día de la Madre, hay que saludar, desde la madre de todos los amores, la más sagrada y benéfica expresión del alma.

Todo lo anterior hace que mayo sea un mes inspirador por excelencia. Y lo que corresponde es que todos nosotros, los salvadoreños de hoy, nos vayamos moviendo hacia una comprensión más certera y profunda de lo que podemos lograr en esta precisa coyuntura de nuestro desenvolvimiento como personas y como sociedad. Como decíamos al inicio, cada día es un espacio abierto para autorrealizarnos, sin permitir que las dificultades y los obstáculos nos despisten y nos desanimen de ninguna manera.

Recibamos este mayo con las mentes abiertas y los ánimos dispuestos, como corresponde para afianzar presente y asegurar futuro. El 1 de mayo, el 3 de mayo y el 10 de mayo nos observan como padrinos bienhechores.

Tags:

  • mayo
  • trabajo
  • Madre
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