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Lo difícil es no actuar

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Andrea Delgado Q. Coautora de El País que Viene

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En algún momento de su vida, casi todas las personas sufrirán alguna discapacidad permanente o temporal, otras al llegar la vejez experimentarán problemas en su funcionamiento; en cualquier caso necesitarán, sin duda, a alguien más para realizar actividades personales, según la Organización Mundial de la Salud.

A escala mundial existen retos como la discriminación, la falta de equidad en el acceso a servicios médicos, educativos y sociales, esto lo sufren con mayor grado de dificultad las personas con cualquier tipo de discapacidad.

Trabajo desde hace 5 años con niños y jóvenes con discapacidad intelectual y, también, me he involucrado interpretando el lenguaje de señas con personas que sufren discapacidad auditiva y verbal, por ello, sé de primera mano que la discapacidad es muy compleja e incide grandemente en el desarrollo de un país.

En El Salvador, la estadística más reciente sobre discapacidad es del año 2007 e incluye solamente a personas mayores de 18 años con DUI, esta indica que existen 235,203 personas con algún tipo de discapacidad, esto es equivalente al 4.1 % de la población. Tiempo atrás me cuestionaba con frecuencia el porqué, en nuestro país, es tan limitada la incursión laboral de personas con discapacidad. Al tiempo, me di cuenta de que la respuesta es sencilla, no existe una preparación que les permita entrar a este mundo.

Surgió entonces la idea de crear un proyecto dentro del Colegio Palas Atenea, llamado “Universo Emprendedor”, un espacio de aprendizaje prelaboral para niños y jóvenes con discapacidad intelectual, basado en talleres prácticos que les permitan ser parte de una empresa o iniciar proyectos de emprendimiento, todo con la finalidad de formar individuos capaces de valerse por sí mismos en un futuro cercano.

Hablar de discapacidad debe dar lugar a hablar también de generar oportunidades, valorar la diversidad, crear espacios educativos, recreativos y laborales que permitan el óptimo desarrollo de una persona con discapacidad, para mejorar su autoestima y calidad de vida en un ambiente de equidad. Las personas con discapacidad están dotadas de habilidades y talentos que logran sorprender, solo basta con que se les dé la oportunidad de demostrar todo lo que son capaces de realizar.

Como muchas personas promedio, estos jóvenes también sobresalen en las áreas deportiva, artística y tecnológica, esto quiere decir que sus aptitudes no se limitan por la carencia de óptimo desarrollo intelectual.

Todos tenemos la oportunidad de crear una sociedad más humana y equitativa. Incluir no es deber solamente de entidades públicas y privadas, como individuos también tenemos la responsabilidad de educarnos en temas de discapacidad, que permitan tener una sociedad abierta a la diversidad, que acepta e integra a todos sus miembros en lugar de aislarles de participar libremente. Siendo congruentes, las personas “promedio” somos discapacitados, por las erróneas ideas de inteligencia, actitud hostil ante las discapacidades que no se ven y la tolerancia que se tiene ante cualquier tipo de discriminación.

La discapacidad no se cura, se comprende, se trata de hacer más fácil lo que ya es difícil; es por ello que, para incluir y apoyar, no se necesita una ley o una fecha conmemorativa, solo se necesita tener sentido humano. La discapacidad no es el fin del mundo, es el inicio de una vida diferente.

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