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Lo importante no es que nos escuchen, sino que nos hagan caso

Vivimos en una sociedad llena de estereotipos y convencionalismos sociales, que por generaciones hemos practicado como: “cásate de blanco”, “las muñecas son para niñas y los carros para niños” entre otros ya superados como “ser zurdo no es bueno” hasta “no señales el arcoíris porque desaparece”, y así, muchos otros que en este tiempo son muy frecuentes, como hablar de política. Mencionar la palabra “política” en nuestro país es referirse a la corrupción, la injusticia, los malos funcionarios, los fraudes y a todo calificativo que la población utiliza para expresar su inconformidad con el tema.
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Por Jaime H. Landaverde Coautor de El País que Viene

Por Jaime H. Landaverde Coautor de El País que Viene

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En estudios como la introducción a las Ciencias Políticas se le describe como un conjunto de fenómenos sociales con características asociadas al poder, al gobierno, a la dirección de diversos grupos y de toda comunidad identificada como unidad.

Es decir, la política es el medio para llegar al poder y a través de este gobernar en favor de las distintas colectividades y sectores sociales. No todo en este tema es malo ni es algo negativo, pero debemos entender que algunas personas no siempre son las adecuadas y hacen de su actuar como políticos una herramienta para beneficio propio, y es eso lo que genera es apatía en la población. Por ello es el deber de las nuevas generaciones demostrar que podemos innovar la forma de hacer política y convertirla en un mecanismo para servir y mejorar las condiciones para todos como país.

Mejorar nuestro querido El Salvador requiere del esfuerzo de todos los salvadoreños, de la unidad sectorial, la armonía entre los distintos órganos del Estado, el fortalecimiento institucional, el desarrollo local por el buen funcionamiento de las municipalidades y la solidaridad entre nosotros mismos como población. No es una labor fácil, pero es tarea de todos. Debemos saber, además, que no solo basta identificar o señalar lo que creemos que está mal; tenemos la responsabilidad de actuar e intervenir si queremos generar cambios reales.

Lo importante es dejar de quejarnos un poco y actuar más, hacer conciencia en que de nosotros mismos depende seguir peor o mejorar como sociedad, y que la vida política de nuestro país cambiará en la medida que cada uno participemos no dejando la toma de decisiones en manos de los mismos de siempre, ya que los resultados nos afectan de manera desigual, pero en su momento las consecuencias las llevaremos todos por no haber pasado de la crítica a la acción.

Hagamos conciencia y demostremos que participando es como lograremos fortalecer la democracia en favor de todos, porque El Salvador vale mucho como para seguir dejándolo en las mismas manos de siempre, pero muchos aún no se dan cuenta y nuestra responsabilidad como jóvenes políticos es hablar con la verdad al respecto.

Mi visión para los próximos años es la de una nación de jóvenes conscientes de que hemos aprendido de los errores pasados y por ese motivo asumimos el compromiso de pensar lo que heredaremos a las siguientes generaciones, a nuestros hijos. El país que viene debe ser mejor, porque si no entendemos que compartimos un horizonte en común seguiremos igual. El futuro que deseamos debemos construirlo desde ahora, en el presente. Debemos sentirnos orgullosos y bendecidos de ser salvadoreños.

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