Lo más importante es hacer sentir de veras que la criminalidad entra en fase de erradicación y que la economía entra en fase de recuperación

Hasta el momento, el saldo es negativo, porque se sigue actuando de espaldas a la realidad, que es la que verdaderamente pone las cartas sobre la mesa. Animémonos a ser salvadoreños de punta, no salvadoreños de retaguardia.
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Lo que seguimos viendo en el ambiente es un ir y venir de opiniones y de iniciativas que no se dirigen al fondo de la problemática que enfrentamos, y que por consiguiente lo que van dejando es un reguero de frustraciones e insatisfacciones, que ya es un pantano insufrible para la ciudadanía. Y es que en el fondo de dicha problemática hay cuestiones estructurales que no pueden responder a tratamientos puramente coyunturales, como ya lo demostró hasta la saciedad el insatisfactorio resultado que se tiene en los hechos. Hay que recapitular seriamente sobre lo que ha venido sucediendo y sobre lo que sucede, a fin de hacer valer las actitudes convenientes para el bien común en todos los ámbitos de la vida nacional y promover las acciones conducentes a que el país se encamine por la ruta del éxito y de la prosperidad.

Como hemos venido caminando por tanto tiempo en zigzag, sin metas claras ni brújulas seguras, para muchos ya es casi una utopía que nuestra sociedad pueda salir, y sobre todo salir airosa, de los atascamientos y los estancamientos actuales; sin embargo, tenemos que reconocer, con ánimo positivo, que El Salvador tiene suficientes energías disponibles para salir adelante, siempre que se reconozcan y dinamicen sus potencialidades y se vayan corrigiendo a tiempo los desajustes y trastornos que tanto perjudican nuestra dinámica evolutiva. Para que esto se dé es indispensable hacer un balance completo, pormenorizado y actualizado de nuestra realidad, en todas las áreas de la misma, del cual pueda derivar una especie de Plan de Nación, que es mucho más que un Plan de Gobierno. Y hay que agregar que, en el curso de esta ya dilatada posguerra, ni siquiera se han podido presentar Planes de Gobierno que merezcan el nombre de tales.

Lo deplorable, hasta el momento, es que no se perciben impulsos constructivos en esa dirección, porque especialmente en el plano político superior, tanto gubernamental como partidario, hay, por lamentable paradoja, cada vez más reservas y resistencias a entrar en dinamismos de constructividad efectiva. ¿Qué más necesitamos los salvadoreños para reconocer que nuestros problemas se hallan en fase de riesgo máximo, y que si no se hace cuanto antes lo que la racionalidad elemental recomienda y exige caeremos en la inviabilidad nacional? Este es el peor riesgo que corremos: no verlo es exponerse a las peores consecuencias.

En lo referente a la temática económica lo principal de base, como se ha subrayado tantas veces, es la confianza en que las líneas de acción no van a ser alteradas arbitrariamente por los intereses políticos o por las fantasmagorías ideológicas. En este punto, la izquierda, que ahora tiene en el país tantas posiciones ocupadas, debe hacer un giro inequívoco hacia la responsabilidad pragmática, como se está haciendo, así sea en forma incipiente, en realidades tan atrapadas en los esquemas pétreos del pasado como es la realidad cubana. Y es que lo caduco no puede seguir en pie por mucho tiempo, por más cantos de fidelidad que se le dediquen.

Nuestro país está en un punto crítico de su ruta hacia la normalidad y el desarrollo. Cada día que pasa hay oportunidades que pueden ganarse o que pueden perderse, según sean las estrategias que se activen en el terreno. Hasta el momento, el saldo es negativo, porque se sigue actuando de espaldas a la realidad, que es la que verdaderamente pone las cartas sobre la mesa. Animémonos a ser salvadoreños de punta, no salvadoreños de retaguardia. Ahí está la clave.

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