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Lo más importante es que los que lleguen a los cargos públicos sean honrados y capaces

Entre la población, y muy especialmente entre la ciudadanía electora, se hace sentir cada vez más la conciencia de que al gobierno y a las distintas posiciones del mismo deben llegar los más calificados y los más confiables.
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Lo más importante es que los que lleguen a los cargos públicos sean honrados y capaces

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Es claro que, con todos los matices que se quiera, estamos ya en campaña electoral tanto para los inminentes comicios legislativos y municipales de 2018 como para los que vienen inmediatamente después, que son los presidenciales de 2019. Por la experiencia vivida en todas las fechas electorales anteriores desde que se inició el calendario de la posguerra, se constata de manera inequívoca que los plazos legales para hacer campaña se han quedado muy insuficientes frente a las demandas de una realidad que exige cada vez más presencia y conexión de los candidatos en el terreno; y, por consiguiente, en vez de estar queriendo constreñir una actividad que se va a dar de cualquier manera que sea debería pensarse en flexibilizar los plazos aludidos.

El reto político del presente se vuelve cada vez más complejo y demandante. Los partidos se hallan en situación comprometida frente al juicio ciudadano, y esto hay que tomarlo muy en serio, porque si algo resulta determinante para asegurar la normalidad del proceso y la estabilidad del sistema es que el régimen de partidos se mantenga firme y sólido en el tiempo. Entre la población, y muy especialmente entre la ciudadanía electora, se hace sentir cada vez más la conciencia de que al gobierno y a las distintas posiciones del mismo deben llegar los más calificados y los más confiables, para así asegurar que la gestión pública sea bien conducida en todos los sentidos. No es casual que los reclamos de transparencia y los clamores contra todo tipo de impunidad estén a la orden del día como nunca antes.

Lo anterior hace que las campañas electorales en que ya estamos inmersos se hayan convertido de entrada en foros de discusión sobre la problemática nacional y en escenarios de propuestas para ser debatidas en forma seria y convincente. Eso es lo que la misma situación les está reclamando a todos los candidatos que salen a la palestra, en particular a los que aspiran a la Presidencia. Y en lo que toca al plano legislativo, se hacen sentir además las inquietudes porque a la próxima legislatura le tocará elegir por voto calificado a 4 de los 5 magistrados de la Sala de lo Constitucional, precisamente los 4 que han abierto brecha en ese campo; y hay muchas ansiedades por lo que pueda pasar en el relevo, hasta el punto que han surgido iniciativas para cambiar de modo improvisado los períodos de elección, de tal manera que no tengan que ser elegidos los 4 a la vez, giro que constitucionalmente es inviable.

En esta precisa coyuntura, que tiene componentes históricos y políticos muy relevantes, deben intensificarse los esfuerzos para asegurar que los que lleguen a ocupar posiciones de resultas del voto ciudadano tengan las suficientes credenciales de honradez y las capacidades creativas necesarias para responder a los desafíos que caracterizan al presente. Y si las fuerzas políticas no garantizan tales componentes verán aún más debilitada su credibilidad, en perjuicio de ellos mismos y del sistema que les da vida.

Muy especialmente de cara a la elección presidencial, que se estará concretando dentro de un poco menos de 15 meses, la selección definitiva de candidatos tiene que estar rodeada de todas las garantías necesarias para que los escogidos sean los mejores, no sólo para las fuerzas que los llevan sino, sobre todo, para la sociedad en su conjunto. Debemos, pues, estar muy atentos a todo lo que pase al respecto de aquí en adelante.

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