Lo que debe imponerse en este momento es una visión realista y responsable de la problemática nacional para viabilizar soluciones

Para hacer que eso funcione de veras en la práctica inmediata es indispensable que haya entendimientos básicos entre fuerzas de la más variada índole, comenzando por las fuerzas políticas.
Enlace copiado
Enlace copiado
Cuando se recorre el panorama de lo que va sucediéndose en el acontecer cotidiano de nuestra realidad lo primero que resalta es la ausencia de una estrategia funcional que pueda incidir satisfactoriamente en todos los puntos críticos, sean estructurales o coyunturales. Esto, que viene dándose prácticamente desde siempre, lo que ha hecho es agudizar y profundizar los problemas, hasta hacer que parezcan cada vez más insolubles. Y por ello cada problema pendiente tiende a generar efectos más y más negativos, con las consecuencias que ello puede acarrear. Ejemplo clarísimo al respecto es el insólito hecho de la protesta policial callejera en reclamo de mejores condiciones laborales. Dicha protesta, que genera más inseguridad en el ambiente porque muestra que falta disciplina institucional bien administrada, precisamente cuando más se necesita que haya cohesión y coherencia para la lucha contra el flagelo de la criminalidad.

Para la conducción política nacional los desafíos se vuelven cada día más apremiantes y complejos, como se comprueba de manera patente en el día a día. En las áreas gubernamentales lo que crea más ansiedad en este momento es sin duda la crónica escasez de fondos para hacerles frente a las variadas responsabilidades que están sobre el tapete. Y es que esto, aparte de las dificultades financieras derivadas del estancamiento económico que afecta al país desde hace tiempos, es resultado de asumir compromisos de gasto sin tomar en cuenta la sostenibilidad de los mismos. Es lo que ocurre, para el caso, con los llamados “programas sociales”, que una vez impulsados son irreversibles, y que han respondido más a criterios de imagen que a evaluaciones serias de lo que puede contribuir de veras a mejorar las condiciones de vida de la población.

Las instituciones necesitan ajustes adecuados conforme a la naturaleza de cada una de ellas y, sobre todo, se precisa generar un ejercicio institucional que lo ordene y lo dinamice todo. Hay que superar cuanto antes el inmediatismo improvisador, que quiere sacarse soluciones de la bolsa, con el agravante de que la bolsa ya no da de sí. La tentación nefasta del endeudamiento irresponsable es la que vuelve a aparecer a cada paso, con lo cual se quiere tapar hoyos en el presente sin medir las consecuencias de estar abriendo cárcavas para el futuro.

El realismo y la responsabilidad tienen que ir de la mano en cualquier circunstancia, y ya no se diga cuando hay amenazas y trastornos como los que menudean en la realidad nacional de nuestros días. Para hacer que eso funcione de veras en la práctica inmediata es indispensable que haya entendimientos básicos entre fuerzas de la más variada índole, comenzando por las fuerzas políticas. Es hora de que éstas entiendan y acepten que, haciéndole honor a la lógica democrática, el entenderse como debe ser no debilita a nadie, sino, por el contrario, acarrea beneficios para todos, incluso por supuesto en el sentir ciudadano, que ha evolucionado muy significativamente en esa línea de pensamiento y de acción. Creer que el choque es lo que demuestra fortaleza equivale a seguir apostándole a la inmadurez.

Desde todos los ángulos de la sociedad tendrían que mantenerse vivas las voces y las propuestas para que el país se enrumbe en serio hacia la estabilidad normalizadora que tanto necesitamos. Seguir como estamos hoy es darle alientos a la negatividad que puede conducir a cualquier tipo de desastre. El país merece un destino mejor.

Lee también

Comentarios

Newsletter