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Lo que debe ser, debe ser

Bastante se ha discutido estos días sobre supuestos recibos de dinero de algunos funcionarios, durante gobiernos anteriores. Las discusiones hacen parecer dichos recibos como corrupción y muchos funcionarios no se atreven a defenderlas. Sobre todo porque en un país donde el salario mínimo no pasa de $300 por mes, es difícil justificar que un funcionario de elección popular gane más de treinta veces esto.
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Para referencia, en Noruega, la diferencia entre lo que gana un funcionario público y el salario mínimo es 4, en Estados Unidos de 5, en Brasil de 31 y México 37 veces. Claramente se puede ver que en aquellos países donde esta relación es menor, su nivel de desarrollo y más importante su calidad de vida es sustancialmente mayor.

Si en nuestro país, tomamos como base el salario oficial promedio de un diputado, que son aquellos quienes establecen las leyes, este promedio es de 13 veces, lo cual hace parecer a El Salvador como un país donde la calidad de vida pudiera ser aceptable, de acuerdo con los parámetros a nivel mundial.

Sin embargo, con el solo hecho de ajustar los salarios de los diputados a su nivel real, lo cual significa tomar en cuenta todos aquellos gastos adicionales que les representan ingresos, como personal a su disposición, automóviles, gasolina, gastos de representación, etcétera, el índice sube sustancialmente.

El otro índice que resulta relevante considerar para este análisis es la diferencia que existe entre los ingresos de un funcionario electo públicamente y un ejecutivo, del mismo nivel de preparación, en la empresa privada. En el caso de Noruega, este es de 1.5 veces, en el caso de Estados Unidos de 1.8, en el caso de México de 3 y en Brasil de 3 veces. En El Salvador es de 5 veces.

Luego, tomando en cuenta lo anterior, lo que los argumentos debieran estar planteando es que lo malo de que los llamados sobresueldos hayan tenido que surgir es debido a que son una respuesta a lo que en realidad deben ser los niveles de salario de los funcionarios públicos competentes, de forma que puedan competir con la empresa privada; para encontrar personas competentes que acepten los puestos de gobierno y el sector público pueda disponer de personas de alta capacidad profesional, que permita que sus habilidades mejoren la calidad de vida de la población.

Lo que queda claro es que los sobresueldos surgieron como una forma perversa de no corregir los verdaderos problemas estructurales de nuestro país, ya que los presidentes anteriores no tuvieron la visión de tan siquiera comenzar a corregirlos y no se atrevieron a plantear los problemas de la forma correcta en que debieron abordarse; por temor a perder en el campo político y por falta de afrontar los verdaderos problemas del país de una forma frontal y honesta.

“Lo que debe ser, debe ser” y por tanto la discusión política de volver competitivos los salarios de los funcionarios públicos, con los de la empresa privada, debió haberse efectuado en su momento adecuado y hace varios años y lo cual pasa por el hecho imprescindible que los gobiernos puedan tener funcionarios honestos y capaces.

Lo malo no está en los sobresueldos, por más que se les quiera desprestigiar. Lo malo está en que ninguno de los gobiernos, incluyendo el actual, se ha atrevido a corregir los desbalances entre los salarios del gobierno, la empresa privada y el salario mínimo y lo cual significa no reducir los salarios del gobierno, sino volver competitivo al Estado y toda la economía en general, para permitir que todos los salarios suban, a los niveles que se necesita.
 

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