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Lo que esperaría de la ANEP

La reciente elección del nuevo presidente de la ANEP demostró claramente que una candidatura única es preferible para su presidencia.
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 Eso deja a los agremiados de la ANEP frente a dos tipos de “libertades”: la “libertad” de no poder escoger porque solo hay un candidato o la “libertad” de escoger a un solo candidato.

¿Por qué no dejar que varios candidatos puedan postularse y que las gremiales que forman parte de la ANEP elijan democráticamente, en Asamblea General Ordinaria, la persona que estimen más conveniente para la presidencia de la ANEP?

Cuando “elecciones” o más bien “imposiciones” de ese tipo se dan en los partidos políticos, se habla de falta de democracia interna. Y se sugiere que el voto sea libre, directo, igualitario y secreto. Cuando es la ANEP, pocos cuestionan el proceso porque según miembros del comité ejecutivo de la ANEP, el ahora presidente era el único garante de los principios y valores de la institución. Valores y principios no muy democráticos en lo que respecta el sistema de votación.

Lo que esperaría de la ANEP, con esta nueva presidencia, no es que siga teniendo un comportamiento frustrado de no poder imponer “sus” políticas públicas. Entendiéndose como políticas públicas (Wikipedia) “los proyectos y actividades que un Estado diseña y gestiona a través de un gobierno y una administración pública con fines de satisfacer las necesidades de una sociedad”.

Aun si los aportes de la ANEP en esos temas (competitividad, seguridad, corrupción, etcétera) deben ser muy válidos, el gobierno y la Asamblea Legislativa son los que, al final, implementan las políticas públicas para el desarrollo del país. Dada la situación del país, es legítimo considerar que los órganos Ejecutivo y Legislativo no han sido capaces de hacerlo. Y seguramente es la cruda realidad en nuestro país, pero tratar de imponer no es una solución, negociar y llegar a acuerdos sí.

La ausencia del presidente de la República en el último ENADE es penosa y no representa una real voluntad política de llegar a consensos y acuerdos con el sector privado. Aun así, espero que ANEP, y el gobierno del FMLN, establezcan en el futuro un mejor diálogo para llegar a acuerdos, cambiando su (compartida) posición no conciliadora.

Lo que esperaría de la ANEP es que se enfocara en el primer objetivo de sus Estatutos: “Coordinar los esfuerzos de la iniciativa privada en beneficio del desarrollo económico, social y cultural del país”.

Que analice todas las propuestas de proyectos productivos que profesionales han elaborado sin ser tomados en cuenta y que han terminado en las gavetas de diversas asociaciones o instituciones del Estado. Una vez depuradas, que las presente a todos sus agremiados, que pueden ser potenciales inversionistas, en un foro que podría llamarse “Alianza para el Desarrollo del País’’ y que estas propuestas, a futuro, se conviertan en las nuevas apuestas productivas del país.

Lo que esperaría de la ANEP es un rol conciliador para poder pactar con el gobierno los acuerdos que el país tanto necesita y un rol protagónico en el análisis de nuevos proyectos productivos para el desarrollo económico de El Salvador.

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  • eleccion
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