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Lo que falta es voluntad negociadora que asegure resultados

La fijación de hacer las cosas sólo con los aliados, casi siempre en alianzas bastante confusas, es una grave retranca para el saludable avance del proceso nacional.
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La democracia es, por naturaleza, un régimen de vida política que se caracteriza por la necesidad constante de buscar entendimientos básicos entre las fuerzas de diversa índole que interactúan en el escenario nacional. Esto, desde luego, es ejercicio permanente, y por ello se convierte en un aprendizaje de equilibrios que nunca puede darse por concluido, ya que cada circunstancia tiene su propia dimensión y acarrea sus propios desafíos. Los salvadoreños tuvimos un entrenamiento excepcional sobre cómo ponernos de acuerdo en las condiciones más extremas a través del proceso de solución política de la guerra, cuando ya ARENA y el FMLN eran actores en juego; sin embargo, a lo largo de los dos decenios transcurridos de la posguerra pareciera que aquel entrenamiento no fue suficiente para que el método negociador se fuera reproduciendo en el ambiente de forma definitiva.

La tendencia de las fuerzas mayoritarias es, en todas partes, a forjar mayorías que les aseguren el control sin tener que entenderse entre sí, porque son las que están en competencia real. En nuestro escenario político, así lo hizo ARENA durante su larga permanencia en la conducción política del país, y así lo está haciendo hoy el FMLN. Y cuando eso no se puede por las vía de los acuerdos con fuerzas minoritarias, se busca la suma de voluntades con cualquier otro recurso. En la actualidad del país, hasta la fecha el bloque en el poder no ha logrado asegurarse la mayoría calificada en la Asamblea Legislativa, aunque ha estado a un paso de conseguirla. Y esto ha crispado aún más los ánimos.

Lo sano para el proceso y para el país sería que las fuerzas principales, sin dejar de lado a las otras fuerzas menores, se aplicaran seriamente a crear un espacio de comunicación en el cual pudieran construirse los consensos que se necesitan en los temas fundamentales, que son muchos y que cada vez se vuelven más inaplazables. Eso exigiría dejar atrás la tendencia obsesiva a las descalificaciones mutuas, en función de ponerles la debida atención a las cuestiones de fondo, sean éstas coyunturales o estructurales. Prevalece aún la torcida convicción de que pelear fortalece y entenderse debilita, y esto se enfatiza más aún en tiempos de campaña electoral, cuando los ánimos tienden a caldearse y las mentes a obnubilarse; pero la lógica democrática está aquí, haciéndose sentir, y ganando creciente espacio en las convicciones ciudadanas.

Por ejemplo, en el caso específico de la destinación de fondos derivados de la colocación de bonos por $800 millones, a fin de contar con recursos en áreas como los subsidios y las elecciones próximas, se hace notoria, con patetismo creciente, la incapacidad que muestran las fuerzas políticas para entenderse a partir de posiciones diferentes, con intereses políticos distintos.

La fijación de hacer las cosas sólo con los aliados, casi siempre en alianzas bastante confusas, es una grave retranca para el saludable avance del proceso nacional.

La problemática del país, tanto política como económica y social, se viene complicando progresivamente, en buena medida porque no hay mecanismos de solución que tengan un respaldo pleno y funcional de todos los actores y sectores nacionales. Y en tanto esto no dé señales de empezar a corregirse, la situación se nos irá agudizando con riesgo de tornarse insostenible. La próxima Administración tendrá que moverse inevitablemente en esa línea.

Tags:

  • entrenamiento
  • minoritarias
  • fuerzas principales

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