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Lo que habría que asegurar siempre es que la coherencia de las acciones institucionales esté en la primera línea de la estrategia nacional

Para que haya efectividad tiene que haber coherencia, y ésta sólo se consigue cuando se ponen en práctica los instrumentos de una visión que abarque todos los factores y todos los componentes de una política bien concebida y bien dirigida.
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Cuando se hace referencia a la marcha del país en los tiempos más recientes lo que de inmediato queda en evidencia es la falta de un esquema de trabajo que abarque todos los ángulos y aspectos de la vida de los salvadoreños en esta precisa coyuntura histórica. Sólo cuando hay definida una estrategia de trabajo y se tiene a disposición la hoja de ruta para hacer que tal estrategia se pueda ir desplegando constructivamente en el tiempo es factible hablar de progreso en el auténtico sentido del término. Como es perfectamente comprobable por la experiencia vivida, la aparente dispersión de los hechos en la cotidianidad no significa que éstos se hallen desconectados entre sí; por el contrario, esa aparente dispersión es la mejor muestra de que hay que esforzarse en serio para encontrar, definir, programar y concretar los enlaces que habiliten la buena marcha de todo el fenómeno nacional.

Este no es un requerimiento teórico, resultante de meras disquisiciones técnicas, sino una imperiosa demanda de la realidad. Para que haya efectividad tiene que haber coherencia, y ésta sólo se consigue cuando se ponen en práctica los instrumentos de una visión que abarque todos los factores y todos los componentes de una política bien concebida y bien dirigida. Es lo que no se ha dado en el país en ningún momento de nuestra trayectoria histórica; pero si antes del inicio de la democratización eso era comprensible porque lo que imperaba era un autoritarismo deshabilitante, no lo es de ninguna manera en esta fase actual en la que están dadas todas las condiciones para que el país entre de veras y en serio en un carril de remodelaciones estructurales e institucionales que viabilicen el avance hacia mejores formas de futuro.

Proliferan los señalamientos de ineficiencia en el desempeño gubernamental debido a que los resultados de lo que se pone en práctica dentro de las políticas públicas no responde a las expectativas ciudadanas al respecto; pero en verdad lo que ocurre es que no hay coherencia entre lo que se hace y la naturaleza de los problemas que están sobre el tapete de la realidad nacional tal como actualmente se presenta. Dicha coherencia exige que haya una adecuada planificación que permita ordenar el trabajo con miras al cumplimiento de metas definidas con claridad haciendo uso de hojas de ruta que también se hallen establecidas de antemano.

Durante mucho tiempo se satanizó en el país el término planificación, identificándolo con criterios socialistas. Luego se incorporó al ambiente, pero sin darle sus debidas dimensiones. Más tarde desapareció formalmente de la gestión pública. En verdad, nada puede lograrse de manera consistente si no está planificado con inteligencia y oportunidad. Hoy, cuando los problemas patinan en un escenario resbaladizo e imprevisible, planificar se ha vuelto determinante para no continuar dando vueltas sin rumbo.

La coherencia a la que nos referimos reclama racionalidad pragmática, y ésta siempre se tiene que asentar en una planificación realista y proyectiva. Seamos coherentes con el proceso que se vive y ordenemos todas las piezas del mismo según lo que cada momento va necesitando. El rompecabezas nacional es dinámico por esencia, y por eso la figura que hay que armar en un momento determinado no puede ser exactamente igual a la de otro momento posterior. Reconocer tales distingos es parte viva de la coherencia a la que apelamos.

Tags:

  • hoja de ruta
  • progreso
  • planificacion
  • incoherencia

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