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Lo que hay que asegurar de aquí en adelante es que haya plena coordinación en todo el ejercicio gubernamental

Si algo se le reclama cada vez con más apremio al trabajo gubernamental es que tenga la coherencia necesaria para ser eficiente.

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Si algo ha sido una retranca permanente en el desenvolvimiento de la dinámica nacional ha sido el hecho de que las iniciativas en marcha, y especialmente las de carácter público, han estado en constante desconexión, lo cual ha hecho que las distintas gestiones gubernamentales sean ejercicios aislados, con la pérdida de eficiencia y de oportunidades que eso acarrea. Lo que se le reclama cada vez con más apremio al trabajo gubernamental es que tenga la coherencia necesaria para ser eficiente, y tal reclamo ciudadano viene incidiendo más y más en el ambiente político, como se ha podido evidenciar en los procesos electorales más recientes. Al hacer una lectura de los hechos con el debido desapasionamiento se llega de inmediato a la conclusión de que aquí no hay caprichos circunstanciales de la ciudadanía, sino el legítimo empeño de que las cosas en el país se encaminen hacia el progreso sostenible y la prosperidad de todos.

Habría que empezar, en todo caso, por la coordinación administrativa, a la que no se le ha prestado hasta la fecha el cuidado pertinente. Recordemos y subrayemos que el Gobierno es un todo, y que aunque las funciones estén legalmente definidas y sean perfectamente identificables, el éxito real de toda gestión depende de que ésta se identifique y se maneje en forma integrada e integral. Y aquí intervienen dos componentes insoslayables: la consistencia de la dirección superior y la capacidad de trabajar en equipo. A ambos aspectos hay que darles la atención y el seguimiento que garanticen los resultados previstos. No se trata, pues, de la pauta presidencialista tradicional en nuestro ambiente, sino de dirigirse hacia un objetivo superior, que es garantizar que la gestión responda a lo que la lógica y la práctica de los tiempos exigen.

La problemática del país se ha venido convirtiendo en una red crecientemente complicada, en la que se multiplican los nudos ciegos y proliferan los desajustes artificiosos. A esto habría que darle tratamiento correctivo inmediato, para garantizar que los diversos dinamismos nacionales, y muy en particular los ejercicios que se emprenden desde las distintas unidades institucionales, puedan hacer causa común en el plano de los hechos, porque en definitiva todas las labores por hacer responden a una problemática que por naturaleza es interactiva. Persistir en la desconexión es condenarse irresponsablemente a reincidir en la ineficiencia.

Esperamos que las evidencias lacerantes de lo que al respecto ha venido dándose en el curso de las décadas más recientes produzca una reconducción que nos ponga en la línea de lo que el país necesita para entrar en fase verdaderamente correctiva de sus prácticas tradicionales. Esto debe ser redireccionado de inmediato, y le toca a la nueva Administración dar las señales correspondientes para que el proceso nacional entre en fase de reordenación efectiva.

Aunque es importante replantearse la organización estatal, para que no haya duplicidades ni vacíos, lo que en realidad más importa es hacer que las instituciones se muevan integradamente conforme a la lógica propia del buen desempeño democrático. En tal sentido, lo que hay que activar es la sensatez de la conducción en todos los aspectos de la misma. Una sensatez que no debe fallar de ningún modo ni en ningún sentido.

Por todo lo anterior insistimos en señalar que es fundamental, más que nunca, esperar y demandar que toda la actividad nacional se ponga de inmediato en línea con el bien común.

Tags:

  • iniciativas
  • coherencia
  • gestión
  • instituciones

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