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Lo que la institucionalidad necesita con urgencia es salir de las trampas en las que la tienen presa los atrincheramientos políticos

Ante ese panorama tan perturbador, lo que se impone como tarea de primer orden es revisar a fondo los lineamientos y los procederes institucionales, que evidentemente no están a la altura de lo que exige la evolución nacional en este momento específico de nuestro proceso.
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La problemática que vivimos, como se repite constantemente con diversos tonos y desde distintas perspectivas, genera cada vez más apremio para entrar en el área de las soluciones que en verdad puedan tener eficacia en el tiempo. A estas alturas, tal requerimiento es elemental, y el hecho de que hasta ahora no haya sido posible encarrilarse por esa vía resulta claramente indicativo de que no se ha hecho lo pertinente para que tal efecto se produzca. El primer obligado a dar las señales y a tomar las iniciativas que la realidad misma demanda en el sentido que antes señalamos es el sector gubernamental desde las más altas esferas del mismo; y la falta de dicha dinámica impulsora y renovadora muestra a todas luces el descuido frente a las señales que la problemática envía con creciente nitidez y la ineficiencia de la conducción que está llamada a reconocer y a asimilar tales señales.

Cuando se enfoca lo que pasa en áreas como la educación, el despegue económico, la salud, el estímulo a la productividad, el incremento de la competitividad, el desarrollo local y el mejoramiento real de las condiciones de vida de todos los salvadoreños, entre otras, se percibe con facilidad que las acciones institucionales no están a la altura de lo que la realidad reclama, y por eso hay insatisfacción manifiesta en los diversos ámbitos sociales y una gran inseguridad sobre lo que puede traer el futuro. Ante ese panorama tan perturbador, lo que se impone como tarea de primer orden es revisar a fondo los lineamientos y los procederes institucionales, que evidentemente no están a la altura de lo que exige la evolución nacional en este momento específico de nuestro proceso.

Al no haber desde esa institucionalidad que en verdad no funciona como tal un propósito cierto de dejar de lado la tentación de imponerse sin más, se echa mano de los apoyos manipulados, como los que vemos constantemente en las calles en forma de manifestaciones beligerantes con clara intención ideológica por parte de grupos que no esconden su fidelidad partidaria, en este caso identificada con los intereses de la izquierda gobernante. Los ataques contra la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia y contra la Fiscalía General de la República se dan principalmente en esta forma, aunque también hay agresiones directas desde los mandos del partido en el poder. Nada de esto es congruente con el respeto que la democracia bien entendida y bien practicada exige de las fuerzas en juego.

Para que el régimen establecido en el país no entre en crisis definitiva se hace imperioso que se dé un redireccionamiento claro hacia una nueva forma de entender la política y de ponerla en práctica. Lo que en verdad se vuelve cada vez más necesario es que haya claridad sobre la línea estratégica y sus desarrollos sucesivos, independientemente de quién tenga a su cargo la gestión gubernamental.

Las instituciones tienen que funcionar en armonía, conforme a sus respectivas atribuciones legales, para que el proceso se desenvuelva con la debida eficiencia. Es justamente en el punto de la eficiencia donde más hay que insistir, porque gran parte de los desajustes e insuficiencias que se padecen resultan de la falta de ella. La política tiene que estar al servicio de la eficiencia, y no ser obstáculo para que se produzca, como viene ocurriendo hasta hoy.

Tags:

  • institucionalidad
  • evolucion
  • proceso
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