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Lo que la realidad nos está demandando es reprogramar toda la dinámica estatal en función de las grandes tareas de país

El Estado, pues, está requiriendo un reciclaje que al mismo tiempo que lo actualice despliegue plataformas de arranque definido hacia el desarrollo. Tal reciclaje es mucho más que un plan de trabajo gubernamental al estilo de los que esbozan las fuerzas políticas cuando llegan a hacer gobierno.
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Como efecto de aquella larguísima época en que la función estatal se hallaba férreamente determinada por los intereses y los mandatos del poder imperante se llegó a tener como verdad incuestionable que había que mantener las estructuras establecidas sin cambio alguno y que cualquier movimiento renovador, sobre todo en el ámbito político, era un peligro para la estabilidad general del país. Tal convicción inmovilista contribuyó fundamentalmente a que llegáramos a la ruptura final, que fue el conflicto bélico interno; y la evidencia de ello debería actuar como la mejor palanca para propiciar y garantizar la movilidad de fuerzas dentro del escenario nacional en todas las áreas de éste.

Según la generalizada percepción ciudadana, las instituciones del Estado, con los matices del caso, no están cumpliendo con la debida eficiencia y con la adecuada propiedad sus responsabilidades respectivas como tales. Para el caso, en temas puntuales como la austeridad, la probidad y la dedicación a resolver problemas, hay significativos déficits que pesan en el comportamiento gubernamental. Es como si hubiera una tendencia bien arraigada a ir dejando cosas pendientes o a medias para no asumir las obligaciones de gestión en la forma apropiada. No es casual, entonces, que en los diversos sondeos de opinión se manifieste un constante reclamo para que el país cambie de rumbo, lo cual en verdad quiere decir que las cosas se vayan haciendo bien en función del interés de todos, considerado éste no en sentido demagógico sino como propósito de real progreso.

El Estado, pues, está requiriendo un reciclaje que al mismo tiempo que lo actualice despliegue plataformas de arranque definido hacia el desarrollo. Tal reciclaje es mucho más que un plan de trabajo gubernamental al estilo de los que esbozan las fuerzas políticas cuando llegan a hacer gobierno. De lo que aquí se habla es de un replanteamiento funcional desde la base, con todos los componentes estructurales y los instrumentos de acción que sean pertinentes para cubrir la misión propuesta.

Téngase presente de entrada que el Estado no está por encima de la sociedad, sino que es un vehículo para que el cuerpo social pueda moverse hacia el alcance de sus metas. Esa específica e insoslayable calidad instrumental del Estado es lo que casi siempre se halla ausente de los enfoques políticos usuales, que lo toman como instrumento pero de sus propios fines sectoriales o ideológicos.

El reciclaje al que antes hemos hecho referencia tendría que comenzar, entonces, por el explícito reconocimiento de que ya no se puede seguir tomando la función estatal como tarea apropiable por nadie, sino que más bien, por el contrario, debe asumirse tal función en clave de servicio a la colectividad, que es pluralista por naturaleza y debe moverse conforme a dicha lógica. Al proponerse corregir todas las distorsiones señaladas de seguro se podrá entrar en una nueva fase de interrelaciones y de interacciones, mucho más congruente con el desenvolvimiento natural de la democracia.

El punto de arranque se centra en quién tendría que tomar la iniciativa de toda esta renovación estructural y procedimental. El que lo haga, esté o no en el Gobierno, de seguro obtendrá amplios beneficios de confianza ciudadana y de proyección histórica.

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