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Lo que le espera al nuevo gobernante desde el primer día es la agenda de país

Lo que viene faltando, y que constituye la deuda pendiente más importante de esta campaña, es escuchar de los candidatos y de los partidos en contienda la respectiva estrategia básica para enfrentar a fondo la compleja problemática nacional.
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A lo largo de la campaña electoral que lleva ya muchos meses en el terreno, lo que se ha oído es un constante borbollón de promesas, dirigidas la mayor parte de ellas a sectores específicos y a comunidades repartidas a lo largo y a lo ancho del territorio nacional. Lo que viene faltando, y que constituye la deuda pendiente más importante de esta campaña, es escuchar de los candidatos y de los partidos en contienda la respectiva estrategia básica para enfrentar a fondo la compleja problemática nacional. Es como si se quisiera seguir haciendo valer el flujo de medidas que surgen al vaivén de las circunstancias, en vez de comprometerse con un planteamiento integrador, que permita atender los desafíos y aprovechar las oportunidades en forma coherente y consistente.

Resulta cada vez más incomprensible la resistencia que hay a ver y a enfrentar los diversos reclamos que presenta la realidad nacional en el día a día con las herramientas de la capacidad comprobable. Temas tan apremiantes y urgentes como la superación del estancamiento económico que venimos padeciendo desde hace tiempos ya no pueden seguir quedando a merced de los impulsos momentáneos, de las ansiedades de ganar imagen o de los intereses que logren imponerse en las sucesivas coyunturas.

Conviene recalcar, y hacerlo cuantas veces sea oportuno, que la tarea de la próxima Administración tiene que partir, inexorablemente, de una metodología de trabajo diferente a las que han imperado en las Administraciones anteriores. Es decir, que lo que se requerirá es un criterio funcional abierto, que permita poner sobre el tapete el esfuerzo de hacer las cosas en común entre los diversos sectores, fuerzas y liderazgos que se mueven constantemente en el escenario de la dinámica democrática.

Está bien que se enfoquen los problemas muy concretos de las comunidades y de los núcleos específicos de la población, porque eso tenderá a favorecer a estratos poblacionales tradicionalmente muy desprotegidos; pero una verdadera política de Estado –que es lo que necesitamos de manera apremiante– no puede quedarse ahí: hay que ir a las causas y a las raíces de los problemas para hallar las claves de sus soluciones efectivas, a la vez que hay que abrirle espacios al progreso nacional en todos los órdenes, de manera que se vuelva factible ir transformando de veras las condiciones de vida de todos los salvadoreños. Y esto último no puede hacerse con medidas asistencialistas, sino que demanda proyectos y programas que se dirijan a modernizar y dinamizar estructuras tanto sociales como productivas.

Nada de lo que hay que hacer en lo básico puede ser labor en solitario, de ningún Gobierno y de ningún partido. Viene sonando la hora de actuar en común, para llegar a consensos dinamizadores; y el sonido ya se volvió repique.

Estamos a las puertas de los comicios. Quedan 10 semanas, con las festividades navideñas en el medio. Difícilmente se oirá en este escaso tiempo lo que no se ha oído durante los muchos meses anteriores. Pero eso no quita el imperativo de continuar demandando que de las ofertas puramente electorales, que con facilidad se convierten en electoreras, se pase cuanto antes a las proyecciones de país, conforme a las necesidades que impone la misma problemática en juego. De estas nadie puede escapar; y enfocarlas como se debe es lo que determinará la suerte del país en su conjunto.

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