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Óscar Manuel Batres B. - Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Los resultados de las elecciones legislativas y municipales del domingo marcarán un hito en nuestra historia. Toda la oposición fue derrotada, humillada y aplastada de manera apabullante. Quedaron reducidos a su más mínima expresión.

Ninguno de los 8 presidentes que hemos tenido desde la elección presidencial de 1984, con la que iniciamos nuestra era democrática, tuvo el respaldo popular que ahora tendrá el presidente Bukele teniendo la mayoría de diputados en la Asamblea Legislativa. Haciendo un repaso de la historia, recordamos la aplanadora verde del presidente Duarte, pero fue un régimen que no tuvo los niveles de respaldo social que ahora tiene Bukele, además que le tocó enfrentar una oposición fuerte que le arrebató el poder en las siguientes elecciones; después de eso se dividió, se debilitó su partido y, de ser protagonista, empezó a desempeñar un papel secundario en la política nacional.

El presidente Bukele empezará a gobernar con un capital político que nadie tuvo anteriormente. Tuvo la habilidad de aprovechar y rematar el desprestigio y el debilitamiento que fueron teniendo los partidos tradicionales, que no tuvieron la capacidad de reconocer y enmendar sus errores; que cuando fueron gobierno, se dedicaron a atacarse y debilitarse mutuamente, a gobernar a base de maniobras oscuras con el PCN y GANA, al reparto y debilitamiento de todas las instituciones, a desatender los problemas estructurales del país.

La ciudadanía ha dejado a la oposición en un lugar irrelevante. El presidente podrá gobernar el resto de su periodo sin oposición legislativa. Ya no tendrá pretextos para no cumplir sus promesas. Ya no lo volveremos a ver en cadenas nacionales despotricando contra todos y contra todo. Ahora sus adversarios ya no serán "los mismos de siempre" sino los problemas que no tuvieron capacidad de atender y resolver los gobiernos anteriores. Lo que ahora nos queda es la esperanza que ahora sí tengamos un presidente que se dedique a trabajar. Ya no necesita seguir haciendo la campaña para acabarse a la oposición. Necesita hacer un nuevo plan de gobierno para recuperarnos de los efectos de la pandemia.

Nos queda que entienda que vivimos en un régimen democrático y que tenemos un régimen de libertades que debe respetar. Su triunfo es contundente, pero también debe saber que solo votó el 51 % de la población apta para votar; el 49 % restante no votó porque están cansados que ninguno de los partidos les resuelven sus problemas cuando llegan a gobernar, y que siguen viendo en su gobierno las mismas o peores prácticas que hubo en el pasado.

También nos queda que el presidente entienda que no tiene los recursos ni el espacio fiscal que tuvieron los regímenes que en otros países alcanzaron el poder cansados y decepcionados de los políticos tradicionales. Nos queda que entienda que necesitamos crecer. Que para eso necesitamos recuperar el prestigio y la confianza que se ha perdido en los mercados internacionales. Que necesitamos transmitir confianza y seguridad a inversionistas locales y extranjeros. Que necesitamos estabilidad y seguridad jurídica. Que el poder total no significa que tiene la capacidad para hacer cualquier cosa. Que debe imponerse la madurez y la sensatez.

Finalmente, nos queda que los partidos tradicionales tengan la capacidad y la inteligencia de recomponerse. Deben haber entendido que no bastaba con presentar caras nuevas en cada elección. Se fueron quedando solos. Se convirtieron en un cascarón vacío. Hasta sus propios financistas se decepcionaron, se cansaron y los abandonaron. Tiene que haber cambios radicales. Deben romper y enterrar todos los vestigios del pasado. Necesitan tener liderazgos auténticos en sus dirigencias, no buenos administradores o interlocutores con los grupos de poder. Les queda la fortaleza de tener una estructura territorial a nivel nacional, pero con unos cuadros que demostraron en estas elecciones que también han perdido la confianza y el respeto de la ciudadanía. Tiene que haber una refundación de los partidos. Tomará tiempo, pero tienen que empezar a hacerlo ya.

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