Lo que quisiéramos de la campaña que ya está en marcha

<p>La campaña electoral está ya en el terreno, y al sentir esa presencia nos damos cuenta de que la campaña anterior de 2007 a 2009 parece que pasó hace muy poco. Y tal sensación nos ubica en el terreno de las realidades políticas competitivas, tal como se van dando naturalmente en la dinámica democrática. En la democracia, la competencia nunca cesa, y las campañas electorales sólo son momentos especialmente decisivos, ya que en ellos se define quién ocupará posiciones representativas en un momento determinado, tanto en el gobierno como en la oposición. Y subrayamos esto último porque en el juego de la representación democrática nadie se queda fuera: lo que cambia son las ubicaciones circunstanciales en el escenario del poder. De ahí que los términos victoria y derrota sean tan relativos en este plano.</p>
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Lo que quisiéramos de la campaña que ya está en marcha

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<p>En esta ocasión, las vísperas electorales están siendo aún más anticipadas de lo que fueron las del evento anterior similar, pues en aquel momento el candidato de ARENA salió hasta en marzo de 2008. Hoy, los candidatos del FMLN y de ARENA han salido al mismo tiempo. Ninguna de los dos quiere que el otro saque ventaja cronológica.</p><p>El calendario se ha venido volviendo un factor decisivo. Esto indica que hay ahora aún más ansiedades que entonces, aunque sean de diferente índole. En 2007-2009, el punto crítico era la alternancia posible. En 2012-2014, si bien la alternancia continúa siendo cuestión de cuidado, en uno y en otro bando, el punto más sensible parece ser el de las posibles alianzas para ver si se produce o no una tercera candidatura competitiva.</p><p>Lo que resalta de todo lo que se está viendo en el ambiente de cara a los comicios próximos es que nadie tiene nada seguro. Y esta sensación, que por sí misma parece tan incómoda e inquietante, es lo normal en la democracia. Repetimos aquí un criterio que nos parece básico de entrada, para no perderse en la ruta de las interpretaciones y de las aspiraciones: en el ejercicio democrático que vaya mereciendo el nombre de tal, lo natural no es la permanencia, sino la alternancia. Desde luego, esto no significa que tenga que darse la alternancia cada vez que haya elecciones; pero sí significa que la tendencia es a ir probándolos a todos, no sólo por lo que son o dicen ser, sino por lo que son capaces de aprender en el camino. Y este “aprender en el camino” merece algunas reflexiones que permitan ubicarlo en su verdadera significación. </p><p>Específicamente en nuestro caso nacional, las dos fuerzas partidarias más relevantes por su dimensión electoral y por su permanencia en el tiempo —ARENA y el FMLN— arrancan de una historia que las identifica, en sus orígenes, como “partes” de un conflicto. Eso crea una inevitable tendencia a las autoapreciaciones monolíticas. “Yo nací siendo esto, y si dejo de ser esto, o mi gente más fiel cree que he dejado de ser esto, corro el riesgo inminente de desaparecer”. Nadie lo dice formalmente así, pero eso es lo que se trasluce de las ansiedades y de los temores en evidente circulación. Y además está el punto pulsante de la forma en que se autoprotegen las dirigencias. Así las cosas, es más difícil de lo normal el encaminarse sin regateos ni resistencias por la ruta de la modernización tanto de estructuras como de mecanismos, tanto de visiones como de proyecciones.</p><p>¿Qué oiremos los ciudadanos de aquí a que se abran las urnas una mañana de marzo de 2014? Por lo que empieza a ventilarse, muy poco de nuevo, y más bien reiteraciones cada vez más airadas de lo que ya se dijo y contradijo. Y esto, políticamente, sería más regresivo que nunca. La problemática nacional se complica cada vez más, a la espera de soluciones que ni siquiera asoman en el horizonte; y si no hay signos confiables de que los planteamientos objetivos sustituirán a los desahogos subjetivos, crecerán los malestares y las zozobras. Los salvadoreños estamos agobiados por el interminable rafagueo de ansiedades y saturados de conflictividades estériles. Es hora de entrar en razón. Y los que aspiran a ganar la confianza ciudadana para conducir el país en el próximo quinquenio tendrían que dar el ejemplo de sobriedad y creatividad.</p><p>En otras palabras: que esta campaña no vaya a ser un muestrario de ideologizaciones caducas, sino un ejercicio de proposiciones realizables y congruentes con las demandas de la realidad. Que no vaya a ser un constante desagüe de acusaciones personalistas, sino un torneo de novedades programáticas en concordancia con lo que necesita y espera la ciudadanía en sus diversos ámbitos y niveles. Que más que promesas haya propuestas. Que más que camándulas interminables de pequeños ofrecimientos haya un consolidado de buenas ideas convertibles en proyectos prácticos y suficientes. Queda una buena cantidad de tiempo por delante, y se trata de aprovechar ese tiempo para generar inspiración y confianza. Para decirlo en salvadoreño, menos paja y más grano. Menos cáscara y más sustancia. A ver si así resulta, pues es algo que estamos necesitando con verdadera urgencia.</p>

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