Lo más visto

Lo que se ha dado en llamar polarización no es más que un atrincheramiento obsesivo que no lleva a ninguna parte

En estos días recientes se han dado expresiones que podrían apuntar hacia un mejor tratamiento de la problemática nacional, y entre ellas destacamos lo que dijo el nuevo presidente del COENA al afirmar que no se trata de izquierda versus derecha sino de pasado versus futuro.
Enlace copiado
Enlace copiado
Se está hablando constantemente de polarización en la vida política nacional, con referencia especial a las dos organizaciones partidarias más fuertes y competitivas, pero extendiendo también dicho término a lo que ocurre entre las distintas fuerzas políticas, sociales y económicas que se mueven en el ambiente. Esa insistencia está endosada por la conflictividad extrema que hace que el día a día del país tenga todas las características de un campo de batalla en el que lo único que está presente con puntualidad indeseable es una guerra artificiosa que pretende sustituir al dinamismo democrático natural, que es pacíficamente competitivo por excelencia. No es de extrañar, entonces, que se viva en una incertidumbre constante, que estimula al máximo las ansiedades y los descontentos.

Para que hubiera polarización en el estricto sentido del término se tendrían que presentar dos polos perfectamente identificables como tales, cuando en la realidad lo que se mira en los hechos es una confrontación que casi nunca presenta argumentos de fondo. Eso es aún más inquietante, porque lo que esto ha producido es una especie de parálisis en lo que corresponde a los temas más complejos, como son los que requieren votaciones calificadas a la hora de las decisiones legislativas. El más claro ejemplo de ello es lo que sucede con las elecciones de segundo grado en instituciones tan sensibles como el Consejo Nacional de la Judicatura, la Corte de Cuentas de la República y la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos.

En estos momentos, sin embargo, el atascamiento acumulado en las áreas fundamentales de la problemática nacional está poniendo tanta carga presionante sobre las instituciones y sobre las organizaciones políticas que todas éstas ya no son capaces de evadir el reclamo de entrar en contactos productivos que permitan llegar a entendimientos razonables y sustanciales. En el tema fiscal, que se halla en estado crítico sin precedentes, la urgencia de alcanzar acuerdos que eviten estragos mayores, como sería el impago, ya no puede ser negada por nadie, y ojalá que eso impulse por la ruta de la racionalidad a cuantos hasta hoy se han resistido a regirse por argumentos en vez de ampararse en las descalificaciones.

En estos días recientes se han dado expresiones que podrían apuntar hacia un mejor tratamiento de la problemática nacional, y entre ellas destacamos lo que dijo el nuevo presidente del COENA al afirmar que no se trata de izquierda versus derecha sino de pasado versus futuro. En efecto, es preciso replantear los términos de la competencia política, a fin de desbloquear responsablemente las posibilidades de servirle al bien común por encima de cualquier otro propósito. Esto es lo que la democracia demanda para mantenerse saludable.

Dentro de poco estaremos entrando en un nuevo ciclo electoral, de cara a dos votaciones populares muy significativas para lo que pueda venir de inmediato en las áreas legislativas y municipales y en el ámbito presidencial. Queda poco tiempo, pues, para salir de esa trampa que se conoce como polarización, y al menos hay que empezar a lograrlo con signos confiables y verificables. Esperamos que las acciones requeridas vayan moviéndose en tal dirección.

Tags:

  • polarizacion
  • coena
  • partidos
  • instituciones
  • elecciones

Lee también

Comentarios