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Lo que se necesita son cambios estratégicos, no de simples posiciones administrativas

...Se anunciaron ayer cambios en el aparato de gobierno que, de entrada, no parecen tener ningún sentido real, particularmente porque lo que resta para que los salvadoreños volvamos a las urnas, esta vez a elegir al próximo liderazgo presidencial, no da tiempo para que un cambio de personas pueda tener efectos significativos...
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Lo que va quedando cada día más patente es que la actitud ciudadana frente a la elección que acaba de pasar y los resultados que salieron de las urnas han venido a generar reacciones de sorpresa perturbadora entre las fuerzas políticas, especialmente en aquellas que ejercen mayor influencia en el desempeño de la vida política nacional. Lo más notorio es lo que les corresponde tanto al Gobierno como al partido gobernante, porque en lo que a ellos toca el mensaje de su propia gente es de una contundencia sin precedentes. En lo que corresponde a ARENA, si bien el impacto que recibió el FMLN lo deja en posición muy favorable, tendría que haber un manejo muy cuidadoso de las perspectivas para saber aprovechar responsablemente el beneficio de la coyuntura.

En el FMLN los efectos de lo ocurrido tienen diversas direcciones: han surgido voces internas que piden cambio de cúpula partidaria, porque además la actual responde a un concepto de permanencia rígida de los liderazgos enquistados desde hace mucho; en lo que a la eventual candidatura presidencial se refiere, todo parece estar quedando en el aire porque la cúpula cuestionada había emprendido el esfuerzo de definir por su cuenta la candidatura aludida; y en cuanto a la responsabilidad gubernamental en el resultado obtenido, es claro que una gran parte del descontento ciudadano deriva de las deficiencias y los vacíos de la gestión actual, que se ha resistido sistemáticamente a escuchar los mensajes de advertencia y de reclamo procedentes de la ciudadanía.

Como una muestra del desconcierto institucional que impera en estos momentos, se anunciaron ayer cambios en el aparato de gobierno que, de entrada, no parecen tener ningún sentido real, particularmente porque lo que resta para que los salvadoreños volvamos a las urnas, esta vez a elegir al próximo liderazgo presidencial, no da tiempo para que un cambio de personas pueda tener efectos significativos, y sobre todo si se tiene en cuenta que se trata de un ejercicio evidentemente improvisado por la necesidad de salir con algo.

Todas estas situaciones acumuladas ponen aún más énfasis en la necesidad de un reordenamiento efectivo de la gestión institucional en todas sus esferas, independientemente de cuál sea la línea partidaria que esté al frente de las respectivas unidades. Lo que la situación general del país está demandando, con apremios crecientes, es una redefinición estratégica del manejo de la cosa pública en todas sus expresiones; y la ciudadanía, haciéndose eco de dicha demanda, la ha puesto al rojo vivo sin escapatoria.

Lo que estamos viendo desde el día en que el electorado se manifestó en las urnas es sin duda parte de una reorientación de rumbo, que por ahora está en fase de advertencias y que de seguro irá pasando de inmediato el plano de las exigencias concretas. En esa línea, la elección presidencial vendrá a ser un momento de gran trascendencia para lo que nos espera de aquí en adelante. Reiteramos, entonces, el imperativo de saber leer señales y de recoger con voluntad receptiva lo que traen consigo dichas señales.

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