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Lo que tendrían que hacer los partidos políticos para estar a tono con la evolución democrática y con el aporte constante de la ciudadanía (y 2)

Cada una de las instituciones partidarias está en el deber de cumplir con su responsabilidad interna a la vez que se proyecta hacia afuera con la mayor coherencia posible.
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Lo que tendrían que hacer los partidos políticos para estar a tono con la evolución democrática y con el aporte constante de la ciudadanía (y 2)

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Si hay sujetos nacionales especialmente comprometidos con la suerte que pueda correr el país en el inmediato futuro esos son los partidos políticos. Tanto la evolución democrática como la animación de la participación ciudadana son combustibles vitales para que el proceso avance de manera sostenida y saludable. En ese sentido, lo que hagan y dejen de hacer dichas fuerzas ante los desafíos de la hora actual son retratos hablados de nuestra capacidad para estar en concordancia con la dinámica nacional en desarrollo. Y como los partidos se encuentran ya en “mood” competitivo, resulta aún más conducente el empeño de dilucidar sus proyectos por definir y sus tareas por hacer.

En El Salvador, la composición del esquema partidario en dependencia de la forma en que la ciudadanía mueve las piezas sobre el tablero de la representación nos indica que vivimos desde que la democracia inició su marcha una especie de bipartidismo necesitado de prótesis ocasionales. Y aquí hay que señalar un punto muy significativo, en lo que a representación legislativa se refiere: desde 1985, el electorado en ningún momento le ha dado a un solo partido ni siquiera la mayoría simple en la Asamblea. Y en lo que toca a la Presidencia de la República, la primera alternancia se dio en 2009, pero bien hubiera podido ocurrir en 1999 si el FMLN hubiera hecho un planteamiento de candidatura verdaderamente estratégico. Hoy, de cara a 2019, veremos si ARENA hace el planteamiento estratégico que podría habilitar su retorno alternante.

Lo que estamos presenciando a estas alturas es una suma de campañas en el terreno, que no ha surgido como decisión estructural sino como expresión espontánea de los hechos. Aunque hay que respetar los tiempos formales, también es básico que dichos tiempos se vayan ajustando a lo que la realidad establece, porque no olvidemos en ningún momento que la gran legisladora de base hoy y siempre es la realidad. Es claro que esta campaña presidencial volcada hacia las comunidades indica que los candidatos entienden que lo fundamental en estas circunstancias es la comunicación abierta y suficiente con la ciudadanía.

Los partidos políticos, independientemente de su ideología y de su potencia representativa, deben asumir este momento con espíritu creativo tanto en lo que presentan como candidatos a elegir como en lo que proponen como ofertas realizables cuando los elegidos estén en el cargo. Y aquí hay un reto directo hacia las cúpulas, que tienden a ser las más reacias a soltar las tentaciones hegemónicas, en lo que se refiere a definir candidaturas y en lo que corresponde a las líneas de trabajo posteriores.

Cada una de las instituciones partidarias está en el deber de cumplir con su responsabilidad interna a la vez que se proyecta hacia afuera con la mayor coherencia posible. Por el momento, la derecha parece conflictuada y la izquierda parece blindada. Y habría que evitar en cualquiera de esos dos sentidos las simplificaciones perceptivas usuales. Desde la perspectiva ciudadana, que es la que tenemos que asumir todos los que no estamos adscritos a ninguna línea partidaria particular, lo que verdaderamente importa es que el dinamismo evolutivo vaya cuajando en los hechos, tanto dentro como fuera de los partidos.

Lo que los partidos deben tener inequívocamente presente a la hora de tomar todas sus decisiones de cara a la competencia final en las urnas, en cualquier evento electoral de que se trate, es que no son ellos ni sus liderazgos los electores definitivos. Hasta hoy se han comportado como tales, y por eso hay tantas distorsiones en el ambiente político nacional. Abrir los partidos a la realidad general y a su respectiva realidad viene a ser, entonces, el compromiso que está pendiente. El tiempo pasa, y no hay que querer atraparlo sino buscar entrar en armonía constructiva con él, que nunca se detiene.

Vamos a estar pendientes de lo que hagan los partidos, sus voces conductoras y los que salgan escogidos para llevar la bandera de la representación. El escrutinio ciudadano tiene que perseverar en la vigilancia frente todas las estructuras políticas, y no sólo en los tiempos electorales sino en todo tiempo. Los poco menos de 20 meses que faltan para cerrar este ciclo electoral van a ser, sin duda, un período de amplia actividad y de gran expectación. Veremos qué pasa al final, sin perder en ningún momento la confianza en la solidez de nuestro proceso, que viene superando múltiples barreras en el camino.
 

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