Lo que todos deberían proponerse es que la democracia se fortalezca en todo sentido

La movilización ciudadana ha tomado impulso y sin duda lo continuará tomando con creciente voluntad de incidencia, y esto tiene que ser visto y asumido como uno de los más inspiradores y motivadores signos de los tiempos.
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El ambiente preelectoral está ya instalado en el terreno de los hechos cotidianos, y cuanto ocurre a diario se halla cada vez más marcado por las corrientes que circulan por dicho ambiente. La sobrecarga de conflictividades viene estando presente desde hace largo tiempo y cada vez en forma más intensa, lo cual dificulta al máximo el quehacer nacional; y aunque eso tienda a crecer durante los períodos electorales, y más aún cuando los que se avecinan son tan decisivos, habría que intensificar la presión ciudadana para que en el ámbito de los dos eventos comiciales que están a las puertas sea posible desplegar una dinámica de propuestas consistentes y propiciar los debates de ideas y de posiciones que verdaderamente contribuyan a orientar la opinión ciudadana.

La democracia, por su propia naturaleza como impulsora de la evolución nacional, siempre está a prueba en los hechos; y, por consiguiente, nunca se puede considerar que está definitivamente consolidada, ya que los riesgos de desgaste o de deterioro se hallan al acecho de manera constante. La vigilancia del ojo público no puede en ningún caso ser obviada o descuidada, porque dicha vigilancia es el mejor seguro de la salud democrática del sistema. En tal sentido, hay que valorar de manera positiva y prometedora los crecientes empeños ciudadanos para potenciar la democracia en vivo. Y tal vigilancia no es algo exclusivo de nuestra realidad, sino que debe hacerse en todas partes, sobre todo desde luego en aquellas sociedades que, como la nuestra, están más expuestas al acoso de los intereses y de los poderes antidemocráticos.

Las iniciativas al respecto van en aumento; y así, en días recientes, movimientos ciudadanos de Guatemala, El Salvador y Nicaragua constituyeron una Alianza Internacional por la Libertad (AIL), destinada a generar acciones que apunten a garantizar elecciones verdaderamente libres, a asegurar las buenas prácticas de gobierno, a preservar y fortalecer el Estado de Derecho y a trabajar por el bienestar de la población respectiva, entre otros propósitos. Coordinar esfuerzos intrarregionales es vital para asegurar que la democracia se mantenga firme y sana, sobre todo cuando a nuestro alrededor hay situaciones tan peligrosas y desquiciantes como la que se sigue dando en Venezuela casi dos décadas después de que el sistema de partidos políticos en aquel país entró en colapso.

La movilización ciudadana ha tomado impulso y sin duda lo continuará tomando con creciente voluntad de incidencia, y esto tiene que ser visto y asumido como uno de los más inspiradores y motivadores signos de los tiempos. Si el ciudadano no se compromete con el destino de su sociedad nacional lo que está poniendo en riesgo inminente es su propio destino.

Sólo una democracia bien desplegada y bien vivida es capaz de proveer los insumos necesarios para habilitar las dinámicas del progreso. Y, por consiguiente, hay que asegurar, en todas las formas posibles, que el quehacer democrático se mantenga vivo y saludable, no sólo en las declaraciones y en los discursos sino también y fundamentalmente en los hechos. Esto debe constituirse en tarea de responsabilidad máxima sin distingos de ninguna índole.

Nuestra Marca País debe ser inequívocamente democrática y democratizadora, para enfatizar el imperativo de hacer de El Salvador un ejemplo viviente y actuante de la pujanza sostenida del régimen de libertades.

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