Lo re invito a leer mis libros

Una lingüista, maestra de generaciones, Ethel Penado de Velis, profesora de redacción y redacción jurídica en la Universidad de Oriente, me recordaba recientemente que los escritores pueden permitirse libertades, que a la generalidad les veda las reglas gramaticales. 
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<p>Yo ando lejos de ser uno de esos hombres de letras a quienes su saber y experiencia excusan de lo imperdonable a los demás. Soy un diletante, pero las licencias me las receto igualmente. Don Alfonsito, como afectuosa y respetuosamente llamamos a don Alfonso Salazar, los que estamos en relación con él, en cuanto encargado de las páginas de opinión en este ilustre periódico, se cuestionaba si la palabra “diunvez” que empleé en el artículo anterior era permisible o no. Ahora le tengo otro dilema, ¿puede decirse “re invitar”? La cuestión es que estoy re invitando a mis lectores (numerosos como he señalado a juzgar por los que me reconocen en la calle) a que lean mis libros.</p><p> ¿Cuáles? Mencionaba uno hace dos columnas, “Días de vino y Roma”, presente en los anaqueles de La Ceiba. Y estaba anticipándome a tres adicionales. El de mayor antigüedad, “Cartas a El Salvador”, una síntesis de la problemática que en la diplomacia debía enfrentar el gobierno salvadoreño durante el conflicto armado, por cuya solución negociada abogaba, editado en 1984 por el ISAM, Instituto Salvadoreño de Administración Municipal, en el para nuestro país increíble número de 2000 ejemplares.</p><p>No se encuentra, naturalmente, en el mercado. Quisiera hacer una re edición, en la que debieran estar interesados los que quieran reivindicar y conservar memoria, de la valiente estrategia internacional de Duarte, como precisamente el Partido Demócrata Cristiano, sucesor del que aquel lideró. Para mientras si alguien desea, se lo puedo enviar por internet, con la advertencia de que es extenso, 80 mil palabras en unas 150 páginas.</p><p>Otro que estoy a punto de imprimir es en cierto modo una re edición, de tres ensayos (será el título de la obra) aparecidos en Presencia, la mejor revista que se haya publicado en El Salvador, en 1988, o sea en plena guerra civil, con la visión que presentaba en ese momento, así como la estrategia política y militar que se barruntaba. Para quien desee verlos por adelantado, es posible remitírselos también vía correo electrónico. Sus títulos y extensión son: “Los conflictos mundiales y sus efectos entre nosotros”, 24 páginas; “La guerra y la paz”, 22; y “Las causas de la crisis que vive El Salvador”, 25, o sean 71 páginas en total.</p><p>Finalmente, pienso cometer una osadía que tengo unos 60 años de venir posponiendo: divulgar mis poemas y cuentos, comentando las circunstancias, muchas de ellas históricas, de todos modos interesantes, que los circundaban al ser engendrados. El volumen se llamará “Al caer la noche”, porque en las épocas de mi adolescencia y temprana juventud todos intentábamos escribir poesía, que entonces hablaba claro, con frecuencia a la persona amada.</p><p>Decía un amigo mío que cuando se estaba enamorado, uno iba a la cama temprano, para tener más tiempo de pensar en ella. O de dedicarle, antes de acostarse, estrofas.</p><p>Que también podían referirse, como en mi caso, a la patria, al terruño local o a héroes épicos como Rigoberto López Pérez, el ajusticiador del déspota Anastasio Somoza, a quien en el año de su hazaña, 1956, le dediqué una oda que solamente leímos dos personas y yo. Espero que si doy a conocer la obra, seamos algunos, ojalá bastantes, más.</p>

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