Lo sensato es hacer todo lo necesario para que los resultados electorales queden claros sin ninguna duda

Siempre es tiempo de corregir actitudes y decisiones en la línea del buen proceder. Consideramos que la dinámica política en general merece que se le sirva, desde todas las instancias tanto institucionales como políticas, con la responsabilidad y la seriedad que el mismo devenir evolutivo demanda.
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El proceso electoral de 2015 puede valorarse en dos momentos muy diferentes: durante el transcurso de la campaña hubo una normalidad muy significativa, tanto en el desempeño de los partidos políticos como en el comportamiento ciudadano; y en cuanto comenzó el conteo de votos, el mismo día de los comicios, las irregularidades comenzaron a aparecer por evidentes e inocultables defectos de organización. Esto último ha venido a enturbiar el ambiente, con el agravante de que el ente responsable principal, que es el Tribunal Supremo Electoral, se ha resistido a reconocer oportunamente las fallas. Se trata de una situación sin precedentes desde que la democratización está en funciones, lo cual exige un análisis inmediato para emprender las reformas orgánicas pertinentes.

Sin embargo, el conteo final está en marcha, y aunque va a paso de tortuga, tendría que ponerse todo el cuidado debido para que al final lo que resulte sea institucionalmente confiable. Al respecto, y dadas las inconsistencias detectadas en el procesamiento de algunas actas de la elección, el buen tino administrativo indica proceder a la revisión de papeletas en esos casos específicos, como han solicitado algunos partidos políticos contendientes. Al respecto, no puede ser justificable refugiarse en una interpretación legalista rígida, lo cual sería atentatorio contra la transparencia del proceso. La ley no podría negarse a que la dinámica del recuento contribuya a la nitidez del evento electoral, sobre todo en lo que toca a los números finales, aunque casuísticamente no haya tratado el caso.

El evento electoral que tuvo su expresión en las urnas el pasado domingo 1 de marzo será recordado por muchas novedades. Pero no se esperaba que una de ellas, negativa por cierto, fuera el conjunto de dificultades evitables que se vienen dando desde el mismo día de la elección. Siempre es tiempo de corregir actitudes y decisiones en la línea del buen proceder. Consideramos que la dinámica política en general merece que se le sirva, desde todas las instancias tanto institucionales como políticas, con la responsabilidad y la seriedad que el mismo devenir evolutivo demanda. Resulta muy perjudicial el aferrarse a lo contrario.

Nuestro proceso democratizador está demandando cada vez más madurez por parte de todos aquellos que tienen que ver con él, sea como actores institucionales, como sujetos contendientes o como participantes ciudadanos. Estos últimos son los que ponen la nota más positiva al respecto, y es eso lo que contribuye más decisivamente a que dicho proceso se mantenga en forma saludable.

Cada coyuntura es un espacio de desafíos que hay que saber enfrentar de manera inteligente y constructiva; y la coyuntura actual presenta al respecto un escenario en el que todos tendrían que desenvolverse con el máximo de responsabilidad, comenzando, desde luego, por las autoridades encargadas de tomar las decisiones de mayor alcance. El TSE está a prueba, no sólo en su composición de este momento, sino también en su estructura como tal.

Esperamos que al final de cuentas no haya más perturbaciones derivadas del capricho o de la obstinación: lo que se necesita es asegurar que la práctica democrática salga fortalecida, porque en todo caso ahí está la clave para que el país siga avanzando.

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  • elecciones 2015
  • tse
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