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Lo sublime de la muerte es la vida eterna

Debemos cuidarnos al máximo, pero no podemos ni debemos vivir con el terror que nos han metido los políticos.

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Luis Membreño - Economista

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Muchos cristianos tienen la dicotomía entre querer la muerte para ganarse la vida eterna mientras que al mismo tiempo quieren vivir más tiempo en este mundo terrenal y temporal. Todos estamos claros que nuestro paso por la tierra es temporal y que transcurre nuestra vida con miedo a morir, ya sea por causas naturales por la vejez, por un accidente de tránsito, por un accidente aéreo, por una enfermedad terminal, por estar en el lugar incorrecto en el momento incorrecto, por alguna debilidad física que nos lleve a una enfermedad crónica, por el cáncer o por el covid-19.

Los que vivimos la guerra, por ejemplo, aprendimos bien palpablemente que cuando a alguien le toca morir ni que se quite la puede evitar y que si todavía no le toca, ni que se ponga va a morir. Todos conocimos casos extremos en los que alguien murió a la par de otra persona y no entendió por qué murió la otra persona y no él. Personas que caminaron juntas en una vereda, pasaron uno o varios antes que otra venía atrás se parara en una mina y perdiera algún miembro del cuerpo o muriera. Personas a las que les caía una bala desperdigada cuando estaban acostados en su cama. Hubo casos de personas que se conducían en un bus o en un vehículo, les disparaban, moría una persona y la que iba al lado no sufría ni un rasguño. En fin, la conclusión a la que se llegaba era que nadie moría ni un segundo antes de lo que estaba escrito.

En estos tiempos de coronavirus los políticos han jugado con el temor a la muerte que tienen la gran mayoría de seres humanos, pero es importante poner al covid-19 en perspectiva al compararlo con las muertes diarias por otros padecimientos. Por ejemplo, el Foro Económico Mundial ha hecho una recopilación de la información de las muertes en el mundo en 2017 e indica que cada día mueren alrededor de 150,000 personas por diferentes causas. Por enfermedades cardiovasculares mueren en promedio 48,742 personas por día, por cánceres 26,181 personas, por enfermedades respiratorias 10,742 y por covid-19 entre enero y mayo de 2020 murieron en promedio 2,205 personas.

Lo anterior nos demuestra que la muerte es parte de la vida y que el covid-19 representa tan solo el 1.5 % de las muertes totales diarias que siempre hay en el mundo. Es decir que si en realidad quisiéramos combatir las muertes en el mundo lo que habría que hacer es que se dediquen recursos a descubrir formas de evitar que las personas mueran por enfermedades tales como las cardiovasculares, los cánceres, digestivas, diabetes, enfermedades renales, del hígado, desórdenes neo-natales y hasta la tuberculosis con 3,243 muertes diarias es más letal que el covid-19.

Con esto no estoy tratando de minimizar el impacto del covid-19 en el mundo durante 2020, lo único que trato de decir es que los seres humanos morimos todos los días por todo tipo de enfermedades y por otras causas como los accidentes de carros (3,406 muertes al día), suicidios (2,175 personas al día). Por lo tanto, si en realidad queremos reducir las muertes, el énfasis debería de estar principalmente en las otras causas y entonces la pregunta es ¿por qué cerrar la economía mundial de la manera que se ha hecho trayendo otra serie de consecuencias negativas adicionales al covid-19, si nunca se ha hecho para contrarrestar las muertes que generan las otras enfermedades? La respuesta probablemente la encontremos más en el campo político que en los campos de la salud o de la economía.

Los seres humanos debemos vivir con alegría, con precaución, porque podemos morirnos cualquier día por una diversidad de causas, debemos cuidarnos al máximo, pero no podemos ni debemos vivir con el terror que nos han metido los políticos. Es hora de mantener nuestra fe viva en nuestro Creador que nadie va a morir por covid-19 si no es su día.

Cada día vamos conociendo de casos de amigos o parientes que mueren por esta enfermedad, eso nos duele y nos preocupa, pero hay que vivir día a día cara a Dios y recordando las palabras de Juan Pablo II que nos decía insistentemente NO TENGÁIS MIEDO. Mantengamos la fe porque todo pasa y nunca olvidemos que nuestro objetivo aquí es ganar la vida eterna.

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