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Los 2 ejércitos

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José Afane - Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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El general George Patton nunca se dejó estremecer por las balas y las bombas. Fue un militar a toda honra, con aquellos bien puestos. Firme y disciplinado, odiaba a los soldados cobardes. Le molestaba de sobremanera que sus hombres de primera línea se escondieran durante las batallas. Un día, durante la Segunda Guerra Mundial, se encontró con el mayor Terry Allen, quien estaba al cargo de un campo de batalla plagado de trincheras. "Allen, ¿usted también tiene trinchera?" preguntó Patton. "Sí, mi general" respondió Allen, señalando su refugio. Sin mediar palabra alguna, Patton se acercó a la trinchera, se abrió la bragueta y empezó a orinarse en ella.

En nuestro querido El Salvador, tenemos 2 ejércitos: La "honorable fuerza armada" que, al igual que Allen, solo pasa en las trincheras, y las pandillas que, al igual que Patton se orinan en ellas. Desde hace años, nuestros gobiernos han negociado con los orina trincheras, y el desgobierno actual, a todas luces, parece también haber negociado con la fuerza armada.

Hace un año escribí nota titulada: "Ejército: El adorno más caro". Me llovieron críticas de muchos veteranos. Ahora me refiero al actual ejército que, para ser verdaderos soldados, sí que les falta testosterona. Para invadir la asamblea, se vistieron de revista, y, como canta la lotería de Atiquizaya, desfilaron como "soldado de casco nuevo que vives en el cuartel; mejor me agarras un ___ y te ponés a jugar con él".

Son tan pero tan aguados que, para rescatar a la población de las pandillas prefieren que el gobierno negocie con ellas.

Según el "índex mundi" el ejército salvadoreño tiene un costo, parecido al presupuesto de educación, de más de $175 millones al año. ¿Para qué? Mejor compren hormonas en vez de balas. El presupuesto es para defender la República; ese es su trabajo, no para que el otro ejército se orine en ustedes al permitir negociaciones ilícitas.

La pandemia nos ha dejado en la vil miseria, con desempleo, hambruna, negocios quebrados, corrupción garrafal, mayor delincuencia. Con un país sin rumbo, y una fuerza armada llena de miedo, repleta de cobardes sin causa, que no se atreve a ponerle límites al poder ejecutivo, ni a darse su lugar en la defensa de nuestra República. La población necesita un ejército atento y vigilante, como el águila, que intervenga ante la menor amenaza a nuestra seguridad y democracia.

Tenemos dos ejércitos, ninguno merecedor de nuestra confianza, culpa de oscuras negociaciones bajo la mesa. Para complicar nuestra realidad, la fiscalía actúa en cámara lenta, con pinzas, dejando que el tiempo y las cortinas de humo disipen las evidencias. Menos mal aún contamos con periodismo investigativo, que destapa esta cloaca.

Respeto a nuestra República, señores de la Fuerza Armada. Salgan de las garras de los políticos; no se dejen orinar por el otro ejército. Mejor ensucien su uniforme combatiendo delincuentes. Demasiada sangre se ha derramado en nuestro país, para permitir que nos lo quiten frente a nuestros propios ojos.

Tags:

  • ejército
  • educación
  • Patton
  • trinchera
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  • República

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