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Los Derechos Humanos son en todo momento un objetivo básico por cumplir, y más aún en el convulsionado mundo actual

Y al mencionar los valores surge de inmediato algo que es a la vez una necesidad y una obligación: humanizar la vida ahí donde se manifieste, por encima de cualquier diferencia cultural, económica, social o política.

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Se han cumplido este 10 de diciembre los 70 años de que se diera la Declaración Universal de los Derechos Humanos en el seno de la Asamblea General de la Naciones Unidas que tuvo lugar en París en aquellas fechas. El mundo estaba recién iniciando un período de compleja posguerra luego de que en 1945 concluyera la Segunda Guerra Mundial con buenas perspectivas de cara al futuro; pero los tiempos posteriores, hasta la fecha, han sido de pruebas constantes para una humanidad que pareciera no haber encontrado aún el rumbo de una verdadera y permanente pacificación en todos los aspectos de la vida de las naciones. Nuestro país fue uno de los que votó a favor de aquella Declaración Universal de 1948, y a lo largo de todas las décadas posteriores nuestra experiencia histórica ha sido turbulenta en muchos sentidos, lo cual ha derivado en un permanente riesgo tanto para la vigencia de los Derechos Humanos como para el despliegue de un desarrollo generalizado en nuestro ambiente.

El irrespeto a los Derechos Humanos y la constante desatención al acatamiento de los principios en que tales Derechos se fundamentan son realidades que circulan por los más diversos espacios de la actualidad. Y no sólo se trata de ataques directos y flagrantes en situaciones específicas, que también están a la orden del día en todas partes, sino de una especie de generalizada insensibilidad sobre lo que significa el respeto humano y la vigencia de los valores fundamentales que le dan base a una vida digna en todos los sentidos.

Y al mencionar los valores surge de inmediato algo que es a la vez una necesidad y una obligación: humanizar la vida ahí donde se manifieste, por encima de cualquier diferencia cultural, económica, social o política. Y dicha humanización debe aplicarse con especial énfasis a las cuestiones que son más candentes en la hora presente, como es el punto de las migraciones. Precisamente por el estado crítico en que se encuentra toda esa temática se están impulsando iniciativas como la de un Pacto Global sobre Migración, propiciado por la ONU, que desde luego nace con importantes limitaciones, como la ausencia de países decisivos con Estados Unidos a la cabeza, pero que, en todo caso, constituye un signo de avance que apunta al reconocimiento de la naturaleza real de dicho fenómeno de acuerdo con las condiciones históricas que se vayan presentando.

En nuestro país, queda un inmenso trabajo por hacer para que los Derechos Humanos ejerzan la función que les corresponde en pro de una convivencia pacífica, armoniosa y progresista en todo momento y circunstancia. Tenemos que llegar a un nivel en que el acatamiento de los Derechos Humanos sea algo normal y fuera de toda duda; y para que eso se alcance es preciso instalar una auténtica cultura del respeto a las personas individuales y a los entes colectivos que organizan el quehacer social e institucional, los cuales –personas y entes– deben corresponder ejerciendo conductas que se ciñan a los mismos principios y conceptos.

Confiamos en que esa cultura a la que acabamos de hacer referencia se vaya definiendo cada vez más en los distintos ambientes, y muy particularmente en el nuestro, porque si algo necesitamos todos con urgencia es pasar a una etapa en que las más variadas formas de seguridad y de predictibilidad hallen terreno propicio para florecer y fructificar.

Tags:

  • Declaración Universal de los Derechos Humanos
  • insensibilidad
  • valores
  • migración
  • respeto

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