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Los aportes ciudadanos tienen que incorporarse al ejercicio político para fortalecerlo desde adentro

El impulso principal que determina este giro en los comportamientos políticos proviene del sentir ciudadano, que va abriéndose a los cambios remodeladores como la expresión de un derecho propio.

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La llamada sociedad civil es la expresión más amplia y permanente del conglomerado nacional, ya que constituye el espacio humano en el que todos los componentes de la nación viven, sobreviven e interactúan en forma constante. Es por ello que las mejores y más potentes energías con que contamos se gestan y se manifiestan en ese ámbito; pero cuando las condiciones en que se mueven dichas energías son adversas o inconsistentes, las consecuencias inmediatamente directas son la inviabilidad de los esfuerzos que se emprenden, la inseguridad convertida en lepra social y la impredictibilidad sobre lo que pueda venir en el presente y en el futuro. Dicho así, esto constituye un dibujo esquemático de todo lo que habría que mover en concreto para que el aparato nacional en su integridad alcance los niveles y la calidad de desempeño que se necesitan para poder decir que el progreso va animándose de veras.

Ya no es factible ignorar o matizar, de ninguna manera ni bajo ningún argumento, el hecho de que nuestra vivencia democrática va dejando de lado toda pasividad tradicional para incorporarse a los dinamismos de la lógica participativa tal como debe ser entendida en estos tiempos. El impulso principal que determina este giro en los comportamientos políticos proviene del sentir ciudadano, que va abriéndose a los cambios remodeladores como la expresión de un derecho propio. Estos son evidentemente signos reveladores del cambio evolutivo, que tiene que partir de la política porque es en ella donde se incuban y se propician las transformaciones del sistema de vida.

La ciudadanía se está manifestando por todos los medios que están hoy a su alcance, y esto es por supuesto una corriente enriquecedora de la evolución nacional, que desde luego hay que ir administrando de la más sustanciosa y eficaz manera, siempre conforme a lo que exija la marcha del progreso, que debe ser propósito generalizado en el ambiente.

La Administración actual tiene desde su inicio una calificación deficiente por su cuestionado desempeño especialmente en referencia al tratamiento de los principales problemas del país, como son la inseguridad y el bajo crecimiento económico. Y al ser así, lo que eso manifiesta es que la ciudadanía está inconforme con los resultados de la gestión. No se trata de valoraciones ideologizadas, sino de juicios basados en hechos.

Cuestiones altamente sensibles, como el disparado gasto público, deben entrar en inmediato procesamiento correctivo. Dicho gasto casi se triplicó durante el primer semestre de este año, lo cual es muy preocupante y hace que entidades como FUSADES estén recomendando congelar el gasto público en 2019. El estar en año electoral tan intenso como el presente dificulta las medidas de reajuste, pero éste ya no admite dilaciones de ninguna índole.

Aquí se hace presente de nuevo el imperativo de hacer que el país entre en el rumbo correcto, y para ello el aporte ciudadano es irreemplazable, tal como lo muestran todos los signos de la realidad en movimiento.

Tags:

  • sociedad civil
  • progreso
  • dinamismos
  • ciudadanía
  • gasto público

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