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Los candidatos

Los ciudadanos somos más exigentes, queremos resultados. Por esto no queremos a cualquiera de candidato. Los requisitos deben ser más exigentes. Y el proceso de selección debe ser transparente y confiable.
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La persona hace la diferencia.

Basta con ver alrededor y confirmar que en instituciones educativas, sociales, religiosas, culturales, políticas, asistenciales, de desarrollo, profesionales o gremiales, la persona es la que hace la diferencia. La Constitución, las leyes, los reglamentos, los estatutos, los códigos, las misiones y más, son letra muerta si carecen de personas que conozcan, vivan y sientan su contenido.

En las escuelas, los directores y los maestros son los que hacen la diferencia. Una buena escuela, esa escuela a la que los padres y madres de la comunidad quieren que sus hijos asistan, tiene a la cabeza un director comprometido, con competencia, autoridad, legitimidad y respeto para conducir y tomar decisiones.

Directores y maestros con compromiso personal y político (nada que ver con lo partidario) con la educación hacen la diferencia con los alumnos. Son ejemplo y los estudiantes aprenden con alegría; ejercitan valores que contribuyen a la convivencia democrática; desarrollan competencias acorde a su edad y hacen la diferencia en la familia, en la comunidad y el país. Estas ocupaciones no son para cualquiera.

Instituciones de carácter social, sin fines de lucro, orientadas a prestar servicios, hacen diferencia con la persona que las dirige. En los 20 mil kilómetros cuadrados puede observarse el aporte de instituciones como AGAPE, FUDEM, la Cruz Verde, la Cruz Roja... todas tienen como denominador común a una persona que hace la diferencia, y la diferencia es cuantificable, calificable, visible y verificable.

Esto también es aplicable a las instituciones políticas, esas que tienen el monopolio para el ejercicio de la representación del pueblo dentro del gobierno como lo establece la Constitución de la República. ¿Representación? Es la “acción y efecto de representar”; “es el conjunto de personas que representan a una entidad, colectividad o corporación”; representar significa “sustituir a alguien o hacer sus veces, desempeñar su función o la de una entidad, empresa...”.

La gente que los partidos políticos ponen como opción para representar al pueblo dentro del gobierno, ¿ME representa?, ¿LE representa? y ¿NOS representa dentro del gobierno? Y ¿qué quiero que represente de mi persona?, ¿qué quiere que represente de su persona?, ¿qué queremos que represente de todos nosotros?

Los interesados y los candidatos para ocupar cargos de elección popular van a protestar, bajo palabra de honor, ser fieles a la República y cumplir y hacer cumplir la Constitución; yo quiero que en su palabra, en sus decisiones y en sus acciones lo demuestren. Los interesados deben saber que si se enriquecen sin justa causa, estarán obligados a restituir al Estado o al municipio lo adquirido ilegalmente; yo quiero que sean honestos. Deben saber que necesitan demostrar instrucción, es decir, deben demostrar su “caudal de conocimientos adquiridos”. Quiero evidencia de su conocimiento sobre la institucionalidad del país, sobre la administración pública y sobre las instituciones contraloras.

Los candidatos deben saber que no tienen más facultades que las que les otorga la ley. Yo quiero saber si conocen lo que significa la división de poderes en la República de El Salvador, yo quiero saber si conocen las leyes aplicables al cargo que les interesa ocupar y las aplicables de manera general a la administración pública.

Los candidatos deben saber que no pueden prevalecerse de su cargo para hacer política partidista y que sin son electos, están al servicio del Estado y no de fracción política determinada. Yo quiero saber la autonomía e independencia de criterio que tienen los que aspiran a competir. Yo quiero asegurarme que no compiten por amiguismo ni compadrazgo. Yo quiero asegurarme que no tendrán que pagar favores. Y sobre todo, yo quiero asegurarme que una vez en el puesto, se ocuparán de la opinión de la gente y no de la del secretario del partido.

Todos los ciudadanos tenemos derecho a optar a cargos de elección popular. Para ser diputado, alcalde o concejal, la Constitución no exige ser miembro de partido político. A los diputados les exige notoria honradez y notoria instrucción. A los concejos municipales, ser originario o vecino del municipio. La Constitución se queda corta con las exigencias de los ciudadanos.

Los partidos políticos deben tomar conciencia de esta realidad. Los ciudadanos somos más exigentes, queremos resultados. Por esto no queremos a cualquiera de candidato. Los requisitos deben ser más exigentes. Y el proceso de selección debe ser transparente y confiable.
 

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