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Los dados de la historia

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Federico Hernández Aguilar - Escritor y columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Lo que sucedió el 1 de mayo tras la instalación de la nueva Asamblea Legislativa es un golpe artero a las libertades y los derechos de todos los salvadoreños. He ahí el resumen de una plenaria que ha causado estupor en el mundo entero.

Podríamos hablar por enésima vez de democracia, institucionalidad, equilibrio entre órganos de Estado; pero ninguno de estos conceptos significó absolutamente nada para los votantes que el 28F se inclinaron por darle tanto poder a una sola persona. Ahora estos ciudadanos lo irán comprendiendo a fuerza de ir dándose de topes con la cruda realidad, porque este sábado les fueron arrebatadas las instancias que les protegían de persecuciones, arbitrariedades y abusos del Estado. Hoy todos estamos expuestos. Salvo muy contados funcionarios, nadie está libre de ser vulnerado en sus derechos y libertades más elementales. Así de grande fue el error histórico cometido en las urnas en 28 de febrero; así de espeluznante es la primera consecuencia política que vimos –estupefactos– el 1 de mayo.

La alarma ha cundido en todas partes y con razón. La comunidad internacional ha salido en coro a exigir al presidente Bukele una rectificación. Congresistas y senadores estadounidenses que habían venido señalando la escalada autoritaria del gobierno salvadoreño, hoy han sido plenamente reivindicados por las acciones antidemocráticas de la sumisa bancada oficialista. Hasta la OEA, otrora aliada ingenua de quien hoy parece haberse mofado de ella, ha tenido que expresar su repudio y advertir los peligros que se ciernen sobre nuestro país.

Todo lo anterior está muy bien. Pero no es el compromiso del planeta entero con la democracia lo que más debe interesarnos a los salvadoreños. No es de afuera que van a venir a salvarnos. O reaccionamos nosotros, hoy, ahora, o lo lamentaremos por largo, largo tiempo. El 1 de mayo el oficialismo decidió quemar sus naves en el camino a la consolidación del poder total; los ciudadanos que amamos nuestra libertad no podemos hacer menos en la defensa de los valores que por tanto tiempo nos mantuvieron a salvo de la tiranía.

Como lo he expresado en esta misma columna de opinión, la resistencia será ciudadana... o no será. Solo unidos seremos capaces de hacer sentir nuestro desacuerdo ante los atropellos que estamos presenciando y debido a los cuales nuestro país puede desmoronarse en menos tiempo del que jamás habríamos imaginado.

Las acciones que siguieron a la supuesta destitución de los magistrados de la Sala de lo Constitucional y del fiscal son un ejemplo de lo que el régimen está dispuesto a hacer. Elegidos los "nuevos" jueces y el titular de la FGR, la policía llegó a la sede de la Corte Suprema de Justicia y procedió a hacer valer su fuerza intimidatoria. El objetivo era tomarse el sitio para que la imposición al país iniciada por la Asamblea se cumpliera a cabalidad. Algo similar ocurrió en el edificio de la Fiscalía. Las patrullas apostadas afuera de la casa particular del "destituido" presidente de la Corte tampoco estaban allí para velar por su integridad: lo estaban amenazando.

Recuerdo con qué vehemencia discutían algunos las advertencias que hicimos sobre lo que venía. "¿Comparar a El Salvador con Venezuela o Nicaragua? ¡Por favor!" Y se reían. Les parecía una exageración. Bien. Pronto descubriremos de qué lado de la historia caen los dados.

Tags:

  • historia
  • Asamblea
  • 1 de mayo
  • democracia
  • resistencia

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