Los demócratas quieren corregir en público el extravío de Bukele

Si el Partido Demócrata ya está en la página de abofetear a la administración Bukele y el republicanismo no pasa de un silencio indiferente, no hay nada bueno en el horizonte. El daño a las relaciones con Estados Unidos lleva la firma del presidente salvadoreño. Su protagonismo negativo en este tema es indiscutible. Logró, con sus declaraciones contra Biden, contra la democracia de aquella nación, contra la agenda norteamericana en la zona y contra las iniciativas impulsadas por Biden para favorecer a la sociedad civil, algo inédito: hacer de El Salvador un paria diplomático a la par de Nicaragua.

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Aunque la máquina propagandística que el gobierno de Bukele mantiene funcionando con dinero de los contribuyentes intentará leerlo en clave infantiloide, lo ocurrido ayer en el Senado estadounidense es muy grave para El Salvador.

Un senador demócrata solicitó a la administración de Joe Biden que suspenda a dos de los países centroamericanos que son beneficiarios del Tratado de Libre Comercio de Centroamérica y República Dominicana, por sus acciones contra la democracia y poderosos indicios de corrupción. El Salvador y Nicaragua nada menos. Escuchando aquella petición estaban dos subsecretarios del gabinete estadounidense, uno de ellos el encargado para el Hemisferio Occidental.

Que funcionarios del principal socio comercial del país, una nación que representa fácilmente 30 por ciento de la inversión en importaciones y un 45 por ciento de las exportaciones, recomienden esa medida no es un problema narrativo sino un riesgo tangible para la economía salvadoreña.

Aunque el tratado no incluye en sus cláusulas la revisión para excluir a un país en particular, sino revisiones periódicas y por ende denunciar el acuerdo afectaría a todos los países signatarios por igual, la intención de ejemplarizar el combate a la corrupción y al autoritarismo tomando como sujeto de castigo al gobierno salvadoreño son muy malas noticias. Quizá lo del CAFTA no ocurra precisamente por la mencionada aclaración, pero si el Partido Demócrata ya está en la página de abofetear a la administración Bukele y el republicanismo no pasa de un silencio indiferente, no hay nada bueno en el horizonte.

El daño a las relaciones con Estados Unidos lleva la firma del presidente salvadoreño. Su protagonismo negativo en este tema es indiscutible. Logró, con sus declaraciones contra Biden, contra la democracia de aquella nación, contra la agenda norteamericana en la zona y contra las iniciativas impulsadas por Biden para favorecer a la sociedad civil, algo inédito: hacer de El Salvador un paria diplomático a la par de Nicaragua.

Hace algunos años se temía que las relaciones del gobierno del FMLN con Nicaragua, Venezuela, la abjuración de la amistad con Taiwán y la firma de relaciones con China Popular dañaran irremediablemente la diplomacia con Estados Unidos. Pero Bukele sí se llevó por delante el tablero geopolítico y sin firmar una sola alianza provechosa con nadie.

¿Por qué entonces, si El Salvador no ganó nada con la escalada antiyanqui del presidente y de sus mal disimulados aplaudidores, se ha arrastrado al Estado a esta tirantez ridícula y lesiva? ¿Por qué desde el mismo gabinete se ha boicoteado el caro esfuerzo de salvar algo con el Fondo Monetario Internacional?

No es casual que la diplomacia salvadoreña parezca caótica, amateur y torpe. Detrás suyo no hubo un diseño, una estrategia, no se han honrado intereses nacionales ni se ha leído en clave geopolítica, no se han buscado oportunidades, no hubo un cerebro que interpretara el gran tablero regional. No hay nada más que fanfarronadas y una gestión que protege la agenda de negocios de un nuevo grupo pseudo oligárquico, aunque en ese afán se perjudique a toda la población.

Estados Unidos jamás considerará a El Salvador su enemigo. Pero que el partido que detenta el gobierno califique al oficialismo GANA-Nuevas Ideas de corrupto y enemigo de la democracia igual terminará llevándose de encuentro a todos los ciudadanos. Y nuestra nación no tendrá nada que recriminarle a ese país amigo, y todo que reclamarle a Bukele y a su gente por lo costoso de su extravío.

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