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Los desafíos del tiempo

No resulta gratificante comenzar un nuevo año compartiendo ideas sobre el panorama poco halagüeño que se avizora en el horizonte, especialmente cuando estamos a las puertas de conmemorar el XXV aniversario del Acuerdo de Paz.
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Esto lo sugerimos de paso en las dos columnas anteriores, a partir del entorno nacional e internacional que se ha venido observando, y que al finalizar el año anterior terminó por complicarse. En esencia, todo esto es producto de un proceso acumulativo, donde las soluciones se fueron desfasando en el tiempo, para dar paso a un pragmatismo político insano que desembocó en un inmovilismo social autocomplaciente.

Hablar de crisis económica, pobreza, conflictividad social, deterioro del medio ambiente, delincuencia y de corrupción, entre lo más evidente, se ha convertido en un lugar común. Es como si la sociedad entera, inconscientemente, hubiera asimilado progresivamente esos males casi como inevitables, aunque los acontecimientos de 2016 relacionados con el combate a la corrupción y la impunidad, alguna luz de esperanza han despertado entre la mayoría. La diferencia la han hecho en este caso el protagonismo –aunque todavía insuficiente– de la sociedad civil y los medios, que han encontrado en instancias como la SC-Probidad, la FGR y el IAIP una repuesta con el mensaje promisorio de: BASTA YA.

Pero transcendental como puede ser este ejemplo –como lo había venido anticipando la Sala con sentencias y resoluciones históricas– no podemos eludir el riesgo de retroceder en el camino ya transitado. Las reacciones viscerales y cínicas del partido gobernante cada vez que esta le pone paro a sus excesos son una muestra palpable de su intolerancia frente al orden establecido, o para decirlo más claramente, su menosprecio por la democracia. Obviamente esto es deliberado y responde al propósito de botar carga y aparecer ante los incautos, que son otros los verdaderamente responsables del statu quo. Esta estratagema quedó nítidamente graficada al prostituir el proceso para la fijación salario mínimo e insistir descaradamente en la aprobación de un presupuesto inconstitucional. Es claro que con acciones de este tipo, el gobierno y su partido no pretenden otra cosa que desafiar al sistema, llevar agua a su molino y perpetuarse en el poder.

Y es aquí donde los tiempos conspiran para abordar temas espinosos, como la reforma previsional, el endeudamiento público y la crisis fiscal, que sin ignorar otros problemas, demandan un consenso mínimo entre todas las fuerzas políticas y a partir de allí, estimular el apoyo colectivo. Hemos entrado a un año preelectoral, cuyos resultados serán definitorios para los eventos de 2018 y 2019 y estos para un futuro igualmente desafiante. En este escenario, esos acercamientos se antojan harto difíciles, aunque necesarios, porque las principales fuerzas en pugna lucharán a brazo partido sin importar las consecuencias.

Siendo este el caso, el clamor ciudadano de hacer un alto en el camino, para potenciar la democracia y la paz social, retomar la senda del crecimiento que beneficie a la mayoría, mejorar la provisión de bienes servicios básicos, llevar alivio a los más necesitados, proteger el medio ambiente y enfrentar con solvencia el problema delincuencial, se diluiría en un mar contaminado por intereses bastardos. Pero las cosas hay que decirlas por su nombre. En este escenario, el principal partido de oposición tiene una enorme responsabilidad, porque la materialización de esos objetivos y el sacrificio que ellos suponen tienen antecedentes que se remontan a su gestión. Y eso no lo pueden obviar, al margen de la mayor responsabilidad que recae en el partido gobernante. Debemos tener claro que nuestro país no saldrá de la caótica situación imperante, sin un compromiso compartido. Nuestra historia reciente y el mundo cada vez más convulsionado cuando menos nos obligan intentarlo con un genuino desprendimiento, antes de que sea demasiado tarde. Ya será la dinámica social la que se encargará de premiar a los auténticos salvadoreños o de castigar a aquellos que no supieron enfrentar con patriotismo los desafíos del tiempo.

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