Lo más visto

Los fenómenos migratorios siempre están vinculados con factores muy reales tanto en los países de origen como en los de destino

Lo que sí se puede afirmar sin duda es que un fenómeno como el aludido no va a desaparecer sólo porque los políticos así lo quieran, independientemente de las medidas eliminatorias que se pongan en marcha.

Enlace copiado
Enlace copiado

La historia de la humanidad es un permanente flujo de desplazamientos de toda índole, que van desde las ideas hasta los destinos personales. Nada se mantiene quieto, porque lo humanamente natural es el tránsito constante y la mutación continua. Y dicho tránsito de naturaleza cambiante implica adaptaciones de la más variada naturaleza, casi siempre con ingredientes de difícil manejo, porque prácticamente todo lo que hacemos los humanos está marcado por lo imprevisible, en las dosis que sea. Así las cosas, las migraciones han sido siempre expresión viva de esa búsqueda sin fin, que tiene matices históricos y connotaciones muy diversas sin dejar de ser lo que es.

La emigración indocumentada hacia Estados Unidos principalmente desde los países vecinos del sur, entre los cuales está El Salvador, ha adquirido en estos años dimensiones torrentosas incontenibles, y en ello inciden muchas causas que no hay que perder de vista para entender y tratar el fenómeno con inteligencia y sensatez para que este no se salga de cauce. La apertura globalizadora es una de ellas, ya que en el panorama actual los impulsos de ir a compartir el desarrollo donde ya existe son irresistibles al máximo. Al ya no existir las viejas fronteras del mundo dividido en centros de poder y zonas de marginación intraspasable, los imanes del progreso parecen más fuertes que todo.

Pero aquí hay que hacer resaltar un factor que generalmente se enfoca de manera distorsionada: los que emigran nunca van a acomodarse para que les resuelvan sus problemas; siempre van a poner todo lo que esté de su parte para progresar y prosperar con su propio esfuerzo, aun en condiciones que son casi siempre adversas. En otras palabras, la emigración es constructiva por naturaleza, y el principal beneficiario de ello es el país de destino, en este caso Estados Unidos. Por consiguiente, hay que corregir una distorsión interesada: los que llegan allí van a poner todo su empeño y toda su laboriosidad al servicio de la nueva realidad en la que están inmersos.

Un enfoque verdaderamente realista y sincero de la cuestión migratoria exige entonces una actitud sensata y responsable por parte de todos aquellos que están envueltos en la misma; y las políticas correspondientes tendrían que responder a esos postulados de base. Como se sabe, por constatación histórica irrebatible, que los flujos migratorios no se controlan ni mucho menos se detienen por meros gestos y gesticulaciones de poder, lo que se impone es crear condiciones de adaptabilidad tanto en las zonas de origen como en las rutas de acceso y en los puntos de destino. Esto tiene que ser por supuesto un trabajo integrado, que vaya respondiendo a las circunstancias propias de cada momento.

En el caso de la migración actual de México y Centroamérica hacia Estados Unidos se está dando un empalme de situaciones que no son fácilmente ajustables por razones diversas. Los salvadoreños se van para allá no sólo porque la violencia es un factor de empuje, sino sobre todo porque mucha gente, sobre todo jóvenes, quiere acercarse al desarrollo sin esperar a que en sus lugares de origen haya suficientes oportunidades; pero allá han ido creciendo las resistencias al fenómeno migratorio indocumentado. Hoy la conflictividad al respecto tiene detonaciones que son mucho más emocionales que objetivas, y eso va complicando las cosas. Estamos, pues, en una situación de incertidumbre, tanto para los de aquí como para los de allá, incluyendo a las autoridades y a los políticos de todos lados.

Lo que sí se puede afirmar sin duda es que un fenómeno como el aludido no va a desaparecer sólo porque los políticos así lo quieran, independientemente de las medidas eliminatorias que se pongan en marcha, porque se trata de realidades que tienen su lógica propia en el devenir histórico. Lo que hay que hacer –y todos tendrían que reconocerlo así– es ponerse en línea con la lógica de los hechos, para desde ahí tomar en conjunto las opciones ordenadoras y preventivas que la misma realidad aconseje.

Lo que deberían hacer todos los países involucrados es tratar de acordar una política básica sobre el tema enlazado de la emigración y la inmigración, de tal manera que todos los componentes y variantes del mismo reciban tratamiento integrador, para no seguir dando palos de ciego.

Lee también

Comentarios