Los grandes desafíos del presente tienen que hacernos recapacitar sobre las posibilidades del futuro

Ni lo político ni lo económico caminan como se debe sin que haya una estrategia conductora, que tiene que partir de una metodología de trabajo acorde con las circunstancias; y dicha metodología implica ponerse de acuerdo sobre la misma.
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Aunque en el pasado, distante y cercano, nuestro país ha tenido que encarar situaciones altamente comprometedoras y conflictivas, en las condiciones actuales la realidad nacional es más apremiante que nunca, en buena medida porque los salvadoreños no hemos sido capaces de responder adecuadamente en su momento a lo que la problemática nacional nos iba poniendo como tareas prioritarias. Si bien es cierto que las coyunturas más complejas y retadoras como fue la del final de la guerra interna recibieron un tratamiento ejemplar, en lo que toca a la problemática estructural, que viene acumulándose en el curso del tiempo, las respuestas políticas e institucionales siempre han sido insuficientes e inconsistentes.

Entre esos grandes desafíos está el que consiste en lograr formulaciones efectivas para tratar la problemática nacional, que no puede seguir siendo tratada como un conjunto de cuestiones desconectadas. Ni lo político ni lo económico caminan como se debe sin que haya una estrategia conductora, que tiene que partir de una metodología de trabajo acorde con las circunstancias; y dicha metodología implica ponerse de acuerdo sobre la misma. Esto último significa que sin acuerdos de base entre sectores y entre fuerzas, con todas las diferencias que puedan tener, no es posible avanzar en ningún sentido. Esto hay que recalcarlo una y otra vez, porque parece que no cala en el proceder de las fuerzas nacionales.

Ahora tenemos una nueva legislatura, que ha comenzado como siempre: en un clima de pequeñas disputas, cuando lo esperable era que enfilara desde el inicio hacia la constructividad estabilizadora. Y esto es aún más preocupante porque se avecinan decisiones legislativas de gran trascendencia como la elección de cinco magistrados de la Corte Suprema de Justicia, incluyendo a cuatro de la Sala de lo Constitucional, y luego la elección del Fiscal General de la República, aparte de las previsibles iniciativas de aprobación de nuevos préstamos para apuntalar las endebles finanzas públicas, con el preocupante agregado de que en el horizonte inmediato se halla el vencimiento de obligaciones crediticias de gran envergadura.

La campaña presidencial, que tiene ya largo rato en el terreno, ahora va a pasar a la fase de las candidaturas en acción, cuando ya no bastan las palabras bonitas, los gestos atractivos y los desplazamientos por las comunidades: hay que hacer planteamientos de fondo, que permitan avizorar cómo será en los hechos concretos y en la continuidad del trabajo la gestión de gobierno que cada quien propone. Es decir, la radiografía previa del esfuerzo gubernamental que se avecina.

Por cuanto acaba de expresarse, y muchas otras cosas que podríamos agregar a lo antes mencionado, lo que se hace imperativo, sin ninguna excusa sustentable, es que se inicie un ejercicio de razonamientos compartidos con la mira de lograr avances sustentables en todos los temas de país. Esto debe seguir exigiéndolo la ciudadanía haciendo uso de los medios y recursos democráticos a su alcance.

Los diversos sectores ciudadanos debemos estar cotidianamente atentos al desenvolvimiento del quehacer político, para poner lo que nos corresponde en el momento oportuno. En nuestro caso reiteramos tal compromiso sin reservas.

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