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Los hábitos saludables y las actitudes constructivas le dan fuerza a la vida

Un tipo de hábito disciplinario como es el ahorro debe ser inculcado desde el inicio de la vida.
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Los hábitos saludables y las actitudes constructivas le dan fuerza a la vida

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Aunque es fantasioso y aun peligroso creer que cualquier tiempo pasado fue mejor, tampoco hay que cerrarse a la realidad cierta de que el devenir es un juego permanente de ganancias y de pérdidas. En nuestro caso nacional, el hecho de que los salvadoreños seamos tradicionalmente tan reacios a valorar en forma analítica lo que ocurre y lo que nos ocurre complica más las cosas, porque estamos siempre tentados a la desatención y al descuido, con todas las consecuencias inhabilitantes y deshabilitantes que tal manera de proceder trae consigo. En tales condiciones, se vuelve aún más imperioso ir desplegando esfuerzos comprensivos sobre la realidad en la que nos hallamos inmersos, para no sentir que somos piezas a la deriva dentro de una corriente de contingencias sobre las que no podemos ejercer control.

En el país, los decenios más recientes han sido el escenario de transformaciones evolutivas realmente dignas de atención y de reconocimiento, y la principal de ellas es sin duda el surgimiento de la dinámica democratizadora, que venía siendo una necesidad histórica prácticamente desde el inicio de la era republicana, allá a comienzos del siglo XIX. Como producto de las carencias y de los errores acumulados, vino casi de inmediato la ruptura prevista en forma de conflicto bélico fratricida, lo cual por gracia del proceso mismo desembocó en un avance pacificador sin precedentes. Estaban dadas las condiciones objetivas para activar la modernización integral de nuestro modo de vida, pero las condiciones subjetivas no se hallaban preparadas para ello, y la encrucijada no se ha resuelto aún.

En el campo de las conductas individuales, lo que viene dándose progresivamente en el país es lo que se ha dado en llamar una crisis de valores. El signo más revelador al respecto se dio cuando fue abolida la asignatura de Moral, Urbanidad y Cívica del esquema educativo. Y no fue que dicha abolición desatara el fenómeno disolvente: lo que hizo fue graficar la miopía institucional al respecto. En el ambiente, valores fundamentales estaban disolviéndose en detrimento de la normalidad de la vida nacional. Hablamos, por ejemplo, del respeto, de la disciplina, de la tolerancia, del orden, de la comprensión, de la convivialidad, entre otros. Y cuando los valores comienzan a fallar en la práctica, los mecanismos de la conducta también se alteran en negativo, como vemos de tantas maneras en el ambiente.

Esto se refleja hasta en lo más elemental. Pongamos un ejemplo muy elocuente de lo que se da en nuestros días: el pasado 31 de octubre se conmemoró el Día Mundial del Ahorro, y ese recordatorio trae a colación la pérdida progresiva de una disciplina previsora que es fundamental para la seguridad personal y colectiva. Hoy la tendencia es a gastar todo lo que se recibe, incluyendo lo que podría recibirse en el futuro, como es el caso de los que piden “su tiempo” en forma anticipada. Un tipo de hábito disciplinario como es el ahorro debe ser inculcado desde el inicio de la vida, que es lo que hoy no se hace por defecto de la educación familiar. Yo tengo al respecto un testimonio personal: mi abuela materna, con quien me crie, era mujer responsable y previsora al máximo; en todos mis cumpleaños, desde que tengo memoria, me regalaba una alcancía; y aquel goteo de monedas guardadas hasta que llegaba el momento de romper el frasco fue una lección imborrable. De eso se trata: de generar hábitos benéficos, lo cual se convierte en vivero de actitudes positivas.

Necesitamos recomponer todo nuestro ejercicio de comportamientos individuales y sociales, a fin de que los valores claves asuman la función que les corresponde en las vidas personalizadas y en la vida común. Esto requerirá sin duda muchos empeños correctivos y muchas inspiraciones animadoras. No basta nunca con promover el progreso material: hay que darle su lugar a lo espiritual y a lo moral, para que puedan habilitarse los mejoramientos integrales. Esa es la tarea más importante de esta etapa histórica.

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