Los huertos caseros en las grandes ciudades (artículo escrito en 1986 y tomado del libro “50 años de mi vida Zamorana”)

El hecho que el hombre y su familia vivan en una gran ciudad, en grandes edificios de apartamentos, no impide a manifestar cariño por la tierra, especialmente en nuestro país, donde la gran mayoría de los que residimos en la capital somos originarios del interior, en donde de una manera u otra, estuvimos ligados con la vida del campo.
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Los huertos caseros en las grandes ciudades (artículo escrito en 1986 y tomado del libro “50 años de mi vida Zamorana”)

Los huertos caseros en las grandes ciudades (artículo escrito en 1986 y tomado del libro “50 años de mi vida Zamorana”)

Los huertos caseros en las grandes ciudades (artículo escrito en 1986 y tomado del libro “50 años de mi vida Zamorana”)

Los huertos caseros en las grandes ciudades (artículo escrito en 1986 y tomado del libro “50 años de mi vida Zamorana”)

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El 3 de octubre recién pasado, acompañado de un grupo de cafetaleros, arribamos a la ciudad de Fráncfort, Alemania. En el recorrido entre el aeropuerto y nuestro hotel observamos algo que nos llamó poderosamente la atención, como que en un área de unas cinco manzanas había por lo menos 150 o más huertos caseros artísticamente cultivados y con variedad de colores que incluían flores, frutas y hortalizas, además de unas casitas bien pintadas y llenas de varios adornos.

De inmediato me vinieron a la mente una serie de interrogantes: ¿Por qué tantos huertos juntos? ¿Por qué las casitas eran tan pequeñas? ¿Por qué eran tan diferentes unos de otros? ¿Por qué tantos huertos muy bien cuidados y no se veía gente?

Una vez alojados en el hotel invité a mis amigos y colegas Salvador Castellanos Larreynaga (QDDG) y Manuel Dubón, a que me acompañaran y efectuar un recorrido por el lugar y entrevistar a alguna persona que encontráramos trabajando.

Aunque entiendo poco el idioma alemán, sé que los alemanes en un 85 % hablan inglés y cerca de un 15-20 % hablan español. Pero hay algo que a todos los que nos gusta la tierra, plantas y animales lo entendemos, y son las señas.

Ejemplo: un animal no habla, pero fácilmente conocemos si su salud anda mal, también si una planta quiere agua y, por supuesto, si nos encontramos con un chino, japonés o de cualquier otra nacionalidad, mediante señas, procuramos hacernos entender.

Llegamos a una de las puertas de acceso de la zona de los huertos y observamos a una señora alemana removiendo tierra con un rastrillo en una era. Le hice señas y le dije en inglés: “Mrs. Do you speak english?”. “Little”, me repuso. Así empezamos una conversación sobre la labor que realizaba.

Al preguntarle su nombre me dijo que Rita V. Heike. De pronto apareció su hija quien hablaba inglés fluido, dado que trabajaba como recepcionista de una empresa y nos explicó lo siguiente: Cultivamos solamente 200 metros cuadrados, pertenecemos al club de jardinería de la zona y para concursar por el premio anual hay que tener el 30 % de flores, 30 % de hortalizas y el resto de frutas y plantas ornamentales. Pero también se valora su contribución al medio ambiente y la participación en actividades sociales del club.

Manifestó que los terrenos son propiedad de la alcaldía y alquilan por DM 200 anuales los 200 metros cuadrados, y que hay familias que tienen su predio por más de 20 años.

Decidimos agradecer la atención prestada, les entregamos tarjetas de presentación y la misión en que andábamos, y nos dirigimos al huerto vecino, entrando en contacto con el señor H. Strauss, quien nos manifestó que la mayoría cultiva como medida antiestrés y que lo que producen, algo consumen y el resto lo dan a amigos o a organizaciones de caridad, pero en su caso, él elabora jaleas, encurtidos y jugos que almacena para ser usados por su familia durante el invierno.

Nos despedimos y volvimos al hotel, narrando a otros compañeros lo observado, dando origen a que se formaran nuevos grupos e incursionaran para comprobar lo narrado.

Por la noche, después de la cena, comentábamos que en nuestro medio los huertos se deben hacer más que por recreación, por necesidad, pero algo nos pasa en el trópico, en donde predomina la indolencia, quizá originada del pasado, donde la vida era más fácil y abundante, pero ahora que la población crece a ritmo acelerado, ya es tiempo que empecemos a usar de mejor manera nuestro tiempo libre.

Dale Carnegie, en uno de sus libros expresa: “No pretendas ganar $20 la hora, si el tiempo libre lo tiras como si no valiera nada”.

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  • gotas agrícolas
  • huertos

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