Los insultos de un americano feo

En diciembre de 2016 escribí un artículo en el que expresaba mi sorpresa y preocupación por el resultado de la última elección presidencial en Estados Unidos y relataba que a raíz de la publicación en 1958 del libro El Americano Feo que cuestionaba los desaciertos de la política de dicho país (The Ugly American, por William Lederer y Eugene Burdick) el presidente John Kennedy, en medio de la guerra fría, había decidido en 1961 establecer los Cuerpos de Paz, enviando jóvenes con grado universitario a mostrar al mundo el lado bueno de la mayoría de los norteamericanos, lo cual ha tenido un rotundo éxito y ha sido emulado por países como Japón.

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Mencioné mis experiencias personales desde que hice estudios de posgrado en Estados Unidos, donde recibí asilo político, trabajé profesionalmente y entablé amistades con queridos amigos, comprobando que la gran mayoría de sus ciudadanos son personas generosas, confiables y equilibradas, que demuestran lo que son por lo que hacen y no por lo que hablan. Frecuentemente experimento lo mismo pues mi empresa representa varias empresas de EUA, manteniendo contacto con profesionales competentes y respetuosos que conservan sus buenas tradiciones.

Los insultos a El Salvador y otros países del actual ocupante de la Casa Blanca, ya anticipados durante la campaña electoral de 2016, reflejan los sentimientos de una minoría retrasada que cada vez más se va aislando por el repudio que recibe del típico Americano Bueno y del Mundo en general. Las publicaciones más serias, los comentaristas, exfuncionarios, escritores, políticos y artistas de renombre de Estados Unidos han expresado su vergüenza ante esos exabruptos; el ya conocido libro Fuego y Furia (Fire and Fury) del escritor y periodista Michael Wolff ha desnudado la debilidad orgánica e ideológica de la actual administración. Sin embargo los referidos insultos, sin ser aceptados de manera alguna, deben hacernos reflexionar sobre el origen de nuestra vulnerabilidad, la cual está basada en la corrupción, impunidad e ineptitud de nuestros políticos y en la indiferencia de varios sectores que ha forzado al 30 % de la población a dejar el país como consecuencia de la guerra civil, desastres naturales, falta de oportunidades y la violencia.

Hay ejemplos recientes del comportamiento de nuestros políticos como el mantenimiento de viajes, seguros médicos y otros privilegios para la Asamblea Legislativa (el Órgano de Estado más repudiado por la población), ridículos e innecesarios despliegues de tanquetas y las trabas con dedicatoria a las candidaturas independientes para diputados. Esta lista se volvería muy larga si enumeramos los desaciertos históricos de nuestros gobiernos y de ciertos sectores pudientes o fanáticos de la sociedad.

Las últimas encuestas demuestran una vez más que la mayoría de la población está asustada, con graves problemas económicos, de salud mental y física, y no apoya a los partidos políticos existentes; en consecuencia está sedienta de un enfoque hacia el Bien Común encabezado por elementos competentes y honestos. Los actuales partidos políticos deben reciclarse con ese tipo de elementos o surgirán nuevos partidos que los reemplazarán. El Salvador debe despertar y ante lamentos oportunistas y falsos ocasionados por los últimos insultos estar consciente de que ¡se reclama dignidad cuando se merece!

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