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Los jóvenes de Forever

Ayer pasaron dos cosas importantes, que probablemente para algunas personas sean como dos arenitas perdidas en un mar de arena negra. Sin embargo, se pueden ver también, si se tiene el lente correcto, como dos enormes rocas que se pueden convertir en cimientos de cosas grandes.
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Ayer 12 jóvenes terminaron sus pasantías en LA PRENSA GRÁFICA. Doce jóvenes que son parte de la Fundación Forever y que asistieron durante 12 sábados a conocer un poco sobre los medios de comunicación y sus diferentes áreas. Este proceso de pasantías es parte de 11 pasos que ellos cumplen para poder acceder a una beca universitaria que la fundación gestiona con las instituciones educativas. Otra parte de esos 11 pasos es recibir clases de refuerzo de inglés y matemáticas, hacer voluntariado en la fundación, entre otros.

El grupo que ayer cerró su proceso en el periódico es muy diferente al primero que recibimos. Son más sueltos, están más claros de los pasos a seguir, de lo que quieren en su vida, de lo que quieren estudiar. Hablan más, tienen más confianza en ellos mismos y sobre todo saben que no quieren quedarse allí, en medio del camino, sino culminarlo.

Ayer en el pequeño cierre que teníamos me volvían a contar que quieren ser ingenieros en sistemas o desarrolladores de software. Hace apenas dos años cuando hablaba con muchachos de estas colonias marginadas en Soyapango lo que querían era sacar un técnico, un profesorado. A veces ni siquiera sabían bien qué querían estudiar, solo tenían las ganas de salir adelante. Que no está mal, pero sin duda ahora sus sueños son más grandes, su valoración hacia ellos mismos es más grande y su lucidez de pensamiento es más grande. Se les nota el camino recorrido.

Ayer todo era risas, a pesar de que en sus aulas hay pandilleros, de que saben de primera mano lo que significa vivir en una zona empobrecida y aislada por nosotros mismos. Ellos entienden lo que implica para sus familias que ellos vayan a ser los primeros en poner un pie en una universidad y probablemente sean los primeros profesionales de sus familias. Y se lo creen, y sonríen y te cuentan y te preguntan. Ese es el tipo de cambio que necesitamos en este país. Ayer uno de ellos me preguntaba cómo se hacía para tener un trabajo como el mío. Y resolví decirle que estudiando. Llevar una carrera hasta el fin, así no tuviera en el camino para ir al cine, o para comprarnos zapatos, o para gastar en una comida. Eso, mantener el sueño hasta el final. Eso tienen estos muchachos y yo espero verlos graduados en cinco años, como me dijeron ellos, cambiando la vida de sus familias, ayudándoles a salir adelante.

El segundo gran acontecimiento es que ayer, después de muchos años de buscar donantes, Forever pudo inaugurar su casa de la Integración. Usted podría creer que se trata de una casa comunal normal. Pero no, ese será un lugar de encuentro, de desarrollo, de estudios. Ahora los jóvenes que buscan cumplir los 11 pasos para obtener una beca tendrán un lugar dónde reunirse, seguros. Y de allí, de ese pequeño centro se puede comenzar a construir comunidad, tolerancia, integración. Ese será SU espacio y no me cabe duda de que es un ejemplo que debe replicarse en otros lugares que por años han sido estigmatizados e ignorados por el resto de nosotros.

Ayer el arzobispo de San Salvador dijo que él entendía a los jóvenes de Forever porque él era lo que era gracias a que alguien lo había becado. Y uno de los jóvenes que este año termina la universidad, becado por la Universidad Pedagógica (la primera que dio una beca cuando esto apenas y estaba armado) dijo una frase con la que me quedo: “Esta fundación ha cambiado muchas vidas, entre ellas la mía”. Un joven que no tenía más aspiraciones que terminar el bachillerato, empezar a trabajar y casarse o casarse y buscar trabajo, lo que ocurriera primero.

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