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Los jóvenes y el concepto de la salud

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Por Adriana Matta Coautora de “El país que viene”

Como jóvenes, la palabra “salud” no significa mucho, porque vemos el mundo como que somos superhéroes y que nada nos puede pasar, pero pasamos por alto lo que la “salud” envuelve. A mí me pasó, no sabía todo lo que esta significaba hasta que llegó el día en que una enfermedad me cambió la manera de ver el mundo y esa palabra tomó sentido por completo. Ahora, después de ocho años, continúo encontrando muchos vacíos que El Salvador enfrenta en torno a la salud.

Empecemos por definir la palabra “salud”. Para los jóvenes es calidad de vida, estar bien, bienestar; pero para alguien que padece alguna enfermedad tiene un significado diferente. Si me preguntaran a mí: “Es que ahora tengo que buscar qué medicinas son las que me hacen sentir ‘bien’ y poder hacer que las cosas sucedan, aunque tenga limitantes y mil cosas en mi contra”.

Estar enferma me ha llegado a abrir los ojos, en el sentido de que ahora sé lo que todos los salvadoreños tenemos que pasar para poder tener una vida decente, y es ahí cuando veo que realmente el país tiene mucho que avanzar, tiene mucho por hacer para que el sistema funcione y nos pueda brindar lo que por derecho constitucional tenemos. Según el Artículo 1 de la Constitución de la República: “(…) obligación del Estado asegurar a los habitantes de la república, el goce de la libertad, la salud […]”.

Es debido a ese primer artículo que me surgen tantas interrogantes. ¿Tenemos la salud que merecemos?, ¿hay infraestructura adecuada en los hospitales?, ¿la atención es la correcta e inmediata?, ¿hay capacitaciones a enfermeras y doctores para que se actualicen en medicamentos, terapias, etc.?, ¿el tiempo de espera es el adecuado? Quizás muchas de estas interrogantes no tienen una respuesta favorable.

Pero la pregunta más importante: ¿este es el sistema de salud que queremos para nosotros y heredarles a nuestros hijos? Yo creo que la respuesta es un rotundo “no”. Es hora de que empecemos a exigirle al Gobierno de turno que haga cumplir lo que por derecho nos corresponde: un sistema de salud pública integral que funcione, que nos brinde atención médica inmediata y adecuada a las necesidades de muchas enfermedades que ahora existen o, por lo menos, que ahora cuentan con nombre, con un protocolo de medicación y una guía para que los doctores las puedan tratar.

Ya basta de criticar, es hora de que pongamos las cartas sobre la mesa y empecemos a proponer soluciones en las que el sistema de salud sea primordial y no existan carencias en infraestructura de hospitales, abastecimiento de medicamentos, reformas a leyes y políticas públicas en las cuales se le haga más fácil al Estado hacer su tarea y poder proporcionar atención adecuada.

Como jóvenes, que somos el presente del país, es nuestra oportunidad de cambiar el rumbo de nuestro país, es hora de que volvamos a soñar con que El Salvador es grande y que, a pesar de ser el país más pequeño de Latinoamérica, vuelva a ser lo que era: un país de oportunidades, crecimiento, tanto económico como en áreas sociales y de asistencia, lleno de ciudadanos dispuestos a sacarlo a flote y ponérselo en hombros; porque, en conclusión, El Salvador y sus habitantes merecemos más.

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