Los jóvenes y el desafío democrático en esta hora en que tanto la juventud como la democracia necesitan unir fuerzas más que nunca (y 2)

Pero los jóvenes, por su propia condición, son mucho más proclives a entenderse con los signos de los tiempos. Y la democracia en acción es uno de esos signos.
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Los jóvenes y el desafío democrático en esta hora en que tanto la juventud como la democracia necesitan unir fuerzas más que nunca (y 2)

Los jóvenes y el desafío democrático en esta hora en que tanto la juventud como la democracia necesitan unir fuerzas más que nunca (y 2)

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Si, como decíamos, la libertad y la justicia necesitan entenderse sin reservas para que la vida humana, en cualquier parte del mapamundi, se pueda orientar hacia un plano superior de realizaciones compartidas, este momento es el más propicio para ello. En 1986, cuando escribimos el texto que hoy revivimos, la globalización aún no repuntaba; y hoy, con la globalización en marcha, lo dicho entonces es aún más actual. Veámoslo:

“Más allá de las dudas con que los signos del tiempo quieran acosarla, la juventud es una forma de fe en su esencial limpidez. Jóvenes son los que no tienen complicidad con el pasado, dijo Ingenieros, en frase que se ha vuelto un lugar común. Y habría que agregar: Jóvenes son los que no tienen complicidad con el pasado, ni con el presente, ni con el futuro; porque la juventud es lo contrario de cualquier complicidad. La auténtica juventud de siempre es sencillamente solidaria, y las causas que la mueven son aquellas que están a la luz del sol, y que encarnan el aliento vivificante de esa luz. No hay nada más antinatural que una juventud que se mueva entre las sombras. Nada hay más aberrante que una juventud que no aspire a la luminosidad de la concordia. No hay nada más triste que una juventud que no reclame su puesto en la primera fila del gran auditorio del espíritu universal. Nada hay más equívoco que una juventud que reniegue totalmente de sus orígenes y quiera que el árbol de su existencia sea un árbol surrealista: con ramas pero sin raíces”.

En el tiempo actual, y ya con todos los dinamismos globalizadores puestos en marcha, lo que estamos viendo es una juventud que va al encuentro de sí misma, con vacilaciones comprensibles pero sobre todo con inspiraciones cada vez más impulsivas. El fenómeno del presente no es fácil, sin embargo, para nadie. Es como si todos –las generaciones anteriores y la nueva generación– nos movemos en un puente colgante, que por momentos es sacudido por las ráfagas de lo imprevisible. Pero los jóvenes, por su propia condición, son mucho más proclives a entenderse con los signos de los tiempos. Y la democracia en acción es uno de esos signos.

Se dice en la conferencia del 86: “Vayamos al pensamiento griego –que está empapado de ese anhelo libertario, sereno y fructífero–, y recordemos que la práctica social sólo se perfecciona en el marco de la democracia. La democracia no es una forma de gobierno, ni un sistema. La democracia es un régimen de vida. Por medio de ese régimen –que va más allá de una mera mecánica de gobierno– los componentes del devenir histórico se articulan. En ella, en la democracia, consiguen un adecuado equilibrio tres fuerzas indispensables para que el hombre se desenvuelva en forma integral: la libertad, la justicia y el orden. Democracia es, en consecuencia, aquel régimen que dentro de los límites de un marco constitucional, permite a los hombres, en calidad de ciudadanos, asumir la responsabilidad de su propia existencia compartida, no sólo escogiendo libremente a sus representantes por la vía del sufragio universal, sino tomando parte en la vigilancia de las instituciones y en la consecución del bienestar general”.

Hoy, en este hoy tan cargado de novedades y de renovaciones, algunos de los más comprometidos vigilantes del quehacer institucional y de la participación de la ciudadanía en su mejoramiento constante son jóvenes, cada vez más anhelantes y deseosos de organizarse para ello. Y es que, como decimos en una línea del texto que citamos: “Antes que en una norma, la democracia encarna en un ideal. Antes que en una ley, la democracia se perfila en un ideario”.

Los jóvenes del presente y la democracia del presente parecen tener vínculos de comunicación que de seguro son sostenes anticipados del futuro. Si bien es cierto que plagas como el consumismo y la frivolidad acechan a cada instante y desde todos los ángulos a la juventud de esta época, muchos de los jóvenes que están viviendo y experimentando esta hora tienen vocación de partícipes activos en la suerte de su tiempo. La revolución de las comunicaciones les facilita las cosas, pese a que también es una arena movediza en la que cualquiera puede perder el paso. La democracia y los jóvenes son copartícipes de los desafíos en acción, y esto puede constatarse de las más variadas maneras. De seguro de esta experimentación multifacética surgirán efectos de toda índole. Estemos preparados para recibirlo todo con ánimo crítico y con intención participativa. Falta sin duda mucho por ver, mucho por comprender y mucho por asimilar en todos los aspectos del vivir y del convivir.

Tags:

  • democracia
  • juventud
  • ciudadania
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