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Los líderes perdidos

Como líder se reconoce a una persona de mucha responsabilidad, porque según su definición, nos da referencia de alguien que dirige o conduce a un grupo, asimismo nos dice que es una persona que va a la cabeza entre los de su clase.
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Esto implica guiar, el ser ejemplo, ya que quiérase o no, el líder al tener un sitial de preferencia entre los suyos, se muestra ante el conglomerado como el arquetipo a seguir.

Partiendo de lo anterior, traigo a colación el hecho de que en el mundo se han destacado personas líderes y lideresas, que han dejado su huella histórica como miembros de la humanidad, generalmente, sin pedir ser parte de la historia, sino que simplemente se ponen al frente de su pueblo.

De esos hombres tenemos a literatos como Mario Vargas Llosa, a Fiódor Mijáilovich Dostoyevski, Federico García Lorca; estadistas como Abraham Lincoln, Nelson Mandela, Golda Meyer, Simón Bolívar, para nuestro caso, Gerardo Barrios y otros, cuyos nombres no caben en estas pocas líneas, pero en sí, todos tienen una característica en común, y es que han sido un estandarte de sus áreas y de sus pueblos.

Lamentablemente algunos de ellos fueron callados por la bala infame, como el caso de Barrios, García Lorca y Lincoln.

En su momento cada líder ha hecho más aciertos que equivocaciones, permitiéndonos remarcar que “solo se equivoca el que trabaja”.

Trayendo todo a la época actual cabe la pregunta: ¿Quiénes son los líderes o lideresas que tenemos? Formulo esta pregunta, porque debemos pasar del líder comunitario al líder de país, ya que es fácil señalar a los que están envueltos en la guía de las comunas, pero se torna difícil cuando de señalar líderes nacionales se trata.

Partiendo de lo anterior es duro hacer la siguiente pregunta: ¿Son líderes nuestros gobernantes? Para dar respuesta a esta interrogante, tenemos que despojarnos de los colores partidistas y colocarnos los colores patrios, y digo patrios porque los de nación todavía no los tenemos.

Primero, podemos detectar que para llegar al poder han infundido un discurso que fue aceptado por muchos, desde la trinchera política que cada quien ha profesado. Esto no significa que sean políticos o politólogos, sino que su propuesta verbal ha sido tal, que convenció a sus partidarios, para poder llegar a la cúpula de la institución política que los ha amparado. Luego, según el estamento en el que se han desarrollado, obtienen las curules que ahora ostentan, ganándoselas por haber logrado la votación necesaria, para que se cumpliera la finalidad de la elección por la que compitieron.

Esto tampoco significa que realmente hayan obtenido la aceptación de mayoría de un pueblo, sino que la disciplina partidaria les permitió el logro de derrotar al adversario.

Con base en lo anterior, nos damos cuenta de que el ser un líder nacional se convierte, por ende, en una demostración que se puede vislumbrar hasta que se está en el poder.

Considerando lo anterior, los salvadoreños debemos ser imparciales como pretendientes de una nación, para valorar a todos los que hemos llevado al asiento de dirección, y ver desde nuestro hogar todos los errores que cometen, para luego dejar o quitar del puesto a los que así lo merecen.

No estamos en elecciones, pero ya tenemos una buena visión del rumbo que llevamos. Lo menos que podemos acotar es que estemos desarrollando la nación salvadoreña y por lo tanto, tenemos que comprometernos por El Salvador y para El Salvador, porque el negocio que nos llevará al rescate del salvadoreño es apostarle a nuestro país.

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