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Los mismos de siempre

Quien no es capaz de ver la realidad tal como es está condenado a vivir siempre equivocado. Eso es lo que, precisamente, les sucede a los dirigentes del FMLN.
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A pesar de toda la evidencia histórica, los cabecillas de ese partido político se niegan a cambiar su visión errónea de la realidad y viven soñando con un modelo que nunca ha funcionado en ningún país y en ninguna época. No obstante, se las ingenian para fingir que han reconocido su persistente error y simulan apertura al diálogo y al consenso como estrategia para avanzar en su equivocado camino hacia la destrucción de la democracia. Pero los hechos se encargan de desmentirlos, porque siempre han actuado de la misma manera.

¿Acaso los que hoy ofrecen negociar un nuevo sistema de pensiones mientras buscan cómo apoderarse de los ahorros de los trabajadores no son los mismos que en la década de los setenta negociaban el rescate de secuestrados cuando ya habían sido asesinados?

¿Acaso los que hoy dicen respetar las leyes y la Constitución mientras atacan a la Sala de lo Constitucional no son los mismos que decían querer liberar al país mientras trataban de tomarse el poder por las armas?

¿Acaso los que hoy ofrecen dialogar para lograr un pacto fiscal mientras preparan nuevos impuestos no son los mismos que lanzaron la ofensiva final mientras negociaban la paz?

¿Acaso los que hoy afirman buscar alianzas con el sector productivo mientras denigran sistemática y públicamente a los empresarios no son los mismos que durante los años ochenta organizaban huelgas, quemaban fábricas y cerraban fuentes de empleos mientras decían defender a los más pobres?

¿Acaso los que dicen combatir el crimen mientras hacen pactos oscuros con los cabecillas de las pandillas no son los mismos que decían luchar por el progreso mientras dinamitaban puentes, derribaban torres de transmisión eléctrica y boicoteaban el transporte público?

Y los que hablaron de meritocracia, de fábrica de empleos, de unirse para crecer y de responsabilidad fiscal ¿acaso no son los mismos que han topado las planillas del Estado con miembros de su partido, que mantienen al país estancado, que fomentan el odio de clases y que han incrementado los impuestos y la deuda pública a niveles alarmantes?

Sin duda alguna, son los mismos haciendo siempre lo mismo.

Mientras se siga creyendo en sus falsedades, el país seguirá sufriendo los problemas de desempleo, inseguridad, inestabilidad y pobreza, porque la historia nos enseña que ese es el costo que pagan los países al caer en un sistema como el que el FMLN pretende imponer en El Salvador.

Los que no quieren aprender de estos ejemplos de la historia, al menos deberían aprender del presente que vivimos.

Todos nos dimos cuenta de que recientemente la Comisión Política del FMLN arremetió, mediante un comunicado, contra el secretario general de la OEA por haber presentado un informe que describe al régimen de Nicolás Maduro como una dictadura que ha violado sistemáticamente los derechos de los venezolanos.

El escrito del FMLN contra el secretario Almagro es una muestra más de que ese partido no solo avala el sistema dictatorial y empobrecedor que tiene sufriendo al pueblo venezolano, sino que como en reiteradas ocasiones lo han afirmado, “es el faro que ilumina su camino”.

La ciudadanía en general, y la oposición política en particular, deben darse cuenta de que cuando ese partido habla de negociar, lo hace solo con la intención de aparentar tolerancia y aceptación de las opiniones ajenas, mientras por debajo de la mesa preparan leyes nefastas, normas antidemocráticas y engañosas tácticas políticas con las que buscan lograr el control total del Estado. No estamos tratando con personas que creen en la democracia, y debemos entenderlo y adecuarnos a esa realidad.

Asimismo, los organismos multilaterales que impulsan pactos con este tipo de gobiernos deben entender que fomentar acuerdos con un gobierno con esas credenciales implica un enorme riesgo para nuestro país.

La única manera de no caer en la pesadilla del socialismo es nunca dormirse. Hace falta tener claridad de principios, estrategias bien estructuradas y una visión de largo plazo para eludir sus trampas.

Todos deberíamos asumir lo que dice un viejo proverbio chino: “La primera vez que me engañes la culpa será tuya; la segunda vez será culpa mía”.
 

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