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Los partidos deben demostrarle al pueblo que responden a sus necesidades y aspiraciones

La ciudadanía tiene el derecho de demandarles a las fuerzas políticas que respondan a todos estos desafíos y a los que se refieren a la satisfacción de las necesidades y las aspiraciones ciudadanas en forma plena y confiable.
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En estos días, y en adelante hasta inicios de 2019, los salvadoreños estamos y vamos a seguir inmersos en una campaña electoral que sin duda se irá intensificando y calentando a medida que se acerquen las dos fechas en las que habrá que ir a depositar el voto ciudadano en las urnas. Esto significa que de aquí a entonces todo va a estar marcado por la efervescencia competitiva, que es especialmente aguda porque entre las fuerzas partidarias, sobre todo en lo que toca a las dos que cuentan con mayor apoyo en el electorado, hay un enfrentamiento permanente y con visos de ser irreconciliable, en especial en lo que corresponde y se refiere a los temas y a los problemas principales de la agenda nacional.

Como siempre que se acercan eventos electorales, y en esta ocasión con un énfasis aún mayor por las condiciones y por las expectativas tanto políticas como sociales que eso crea, la ciudadanía pone en evidencia de muchas maneras, principalmente por medio de las encuestas de opinión que proliferan a medida que los eventos se acercan, las múltiples desconfianzas y los insistentes reclamos que provoca el desempeño de las fuerzas partidarias, que parecieran reacias a hacer evaluaciones sinceras y realistas de lo que se espera de ellas, por parte de los que adhieren a las respectivas líneas ideológicas y sobre todo de los que no pertenecen a ninguna militancia ni responden a ninguna simpatía específicas.

Cuando se dan circunstancias como las presentes, en las que hay tantos nudos por desatar y tantas cuestiones por resolver, se agudiza la responsabilidad de los partidos en el ejercicio de su función orientadora y en el compromiso de ser ejemplares en todo sentido. Lo que la ciudadanía siente y manifiesta al respecto es frustración porque las agrupaciones partidarias andan simplemente en lo suyo, que es salir bien posicionadas de las urnas, y todo lo demás queda como siempre reducido para ellas a declaraciones cuyos contenidos vienen siendo los mismos de siempre, en una rutina de palabras que no agregan nada a lo que ya se ha oído hasta la saciedad, mientras en los hechos todo se mantiene igual.

En las campañas electorales, y esta por supuesto no es la excepción sino más bien la confirmación aún más enfatizada de lo mismo, los que aspiran a agenciarse la simpatía ciudadana hablan constantemente de cambio y de renovación, sin especificar casi nunca cuáles serían los efectos concretos que se proponen. Y lo que la ciudadanía exige con creciente impaciencia es que lo que se le ofrece no se quede en palabras sueltas, por atractivas y halagadoras que sean, sino que tome la forma de propuestas verificables, que después puedan ser medidas en el acontecer real.

Ahora estamos ante la próxima configuración de una legislatura a la que le tocará elegir a los sustitutos de los magistrados de la Sala de lo Constitucional que están en funciones desde 2009 y también al Fiscal General cuando el actual cumpla su período; y luego ante una elección presidencial que podría significar una nueva alternancia. Todo ello es decisivo para el proceso, y los partidos contendientes y sus figuras escogidas deben tenerlo muy presente.

La ciudadanía tiene el derecho de demandarles a las fuerzas políticas que respondan a todos estos desafíos y a los que se refieren a la satisfacción de las necesidades y las aspiraciones ciudadanas en forma plena y confiable. De eso se trata la campaña que está en acción.

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