Los partidos políticos deben tomar muy en serio la opinión ciudadana sobre su desempeño

...Si algo tenemos que preservar en forma consciente y segura es la estabilidad de nuestro esquema político y partidario, para no caer en las peligrosas distorsiones de dificilísima reversión que afectan al respecto a países de entorno, comenzando por el patético caso venezolano.
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A lo largo de las casi cuatro décadas que lleva recorrida la democratización nacional, y sobre todo desde que el fin negociado de la guerra le abrió las puertas a la normalidad plena de la participación democrática, los salvadoreños hemos venido viendo cómo se mantiene firme en lo básico nuestro esquema de vida política, con partidos permanentes que se mueven dentro de dicho esquema de manera básicamente estable; pero eso no significa que las agrupaciones partidarias hayan alcanzado su debida madurez, y por ello hay crecientes demandas ciudadanas en la línea de modernizar constantemente tales agrupaciones, para que se pongan a la altura de sus responsabilidades históricas y sobre todo para que respondan a los intereses ciudadanos por encima de cualquier otro interés.

Estamos en campaña electoral, que hasta la fecha se ha desenvuelto de un modo significativamente pacífico, aunque sin duda hay muchas emociones y pasiones en juego. Para el caso, el tema electoral está íntimamente vinculado con las ansiedades y las maniobras derivadas del próximo relevo de prácticamente toda la Sala de lo Constitucional, que tendrá que hacer la legislatura entrante muy poco después de tomar posesión. En cuestiones como ésta queda graficado el relieve que está tomando la participación ciudadana en los diversos ámbitos del quehacer político, lo cual constituye uno de los signos de los tiempos en nuestro ambiente, que está cada vez menos dominado por las voluntades que mueven el poder.

Aunque no se ven señales disruptivas del orden político establecido, sí hay que estar muy atentos al desenvolvimiento de los hechos en el terreno, porque van apareciendo múltiples insatisfacciones en el plano ciudadano sobre la forma en que se comportan las organizaciones partidarias respecto de las responsabilidades y las obligaciones que les competen. Están quedando cada día más atrás las épocas en que los partidos y sus liderazgos podían actuar con arbitrio y aun con impunidad plenos. Hoy cada decisión y cada acción se ven expuestas de inmediato al escrutinio de la opinión popular, lo cual representa un avance de alto relieve en lo que toca al fenómeno participativo.

En una campaña, más que en cualquier otra circunstancia, se dan las condiciones propicias para detectar lo que piensa la ciudadanía sobre el fenómeno político en general y sobre sus actores directos en particular. Y si éstos asumen de veras el rol que les corresponde deben, en primer término, escuchar con cuidado y con inteligencia lo que siente y lo que piensa la gente, para a partir de ahí refrendar o corregir sus respectivas estrategias.

Esto es decisivo, pues si algo tenemos que preservar en forma consciente y segura es la estabilidad de nuestro esquema político y partidario, para no caer en las peligrosas distorsiones de dificilísima reversión que afectan al respecto a países de entorno, comenzando por el patético caso venezolano.

Desde los distintos planos y niveles ciudadanos tenemos que estar muy vigilantes de lo que siga ocurriendo en toda esta temática tan sensible, porque no se olvide en ningún momento que la democracia y su desarrollo constituyen responsabilidad de todos.

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