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Los partidos y sus candidatos

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Recientemente me referí a la importancia que los partidos políticos seleccionaran adecuadamente a sus candidatos de elección popular, si aspiraban a ganar las elecciones, en verdad se han visto caras nuevas, algunos han expuesto sus conocimientos y experiencia, ya sea profesional o política; indudablemente los cargos a que aspiran requieran conocer de una especialidad diferente, lo único general es el patriotismo, para servir y no servirse de los bienes públicos, evadiendo el clientelismo, amiguismo, nepotismo, etcétera, sin medir la capacidad para el cargo, que no es para cualquier vecino, ni guerrillero o marero, traficante o simplemente sin moral.

Para los alcaldes municipales, es indispensable ser personas emprendedoras, saber administrar personal, escuchar las demandas de su población, dotado de iniciativas para la mejora de los servicios que presta, investigar necesidades de infraestructura, factores que intervienen en los procesos administrativos, adjudicaciones de obras, presupuestar ingresos, inversiones, gastos y sobre todo orientar racionalmente los recursos a su disposición.

Tratándose de los señores diputados, varían las características de requisitos, como representantes de sus electores de cada departamento del país, no solo velan por los intereses de esa porción de pobladores, sino de toda la nación, si bien no existen mayores requisitos para postularse, en la práctica se advierte esa necesidad de imponer lo básico, pues únicamente en asesores se ahorraría una enorme cantidad de salarios, no es necesario que sean solo abogados, porque se trata de legislar una vastedad de leyes, pero sí las necesidades de regular áreas específicas de actividades económicas y sociales que garanticen el bienestar nacional, por lo que deben ser profesionales y técnicos que al menos conozcan las funciones de ese Órgano de Estado, con al menos 10 años de ejercer su profesión y tres de relación laboral con alguna institución gubernamental o autónoma, donde haya tenido contacto con el manejo burocrático y la aplicación de la legislación interna de esa administración, formular iniciativas de ley, saber expresarse en las discusiones de comisión y plenarias a fin de que sean comprendidas sus posiciones y ponencias, con ese nivel de diputados otro gallo nos cantara y evitarían endeudamientos inoficiosos que empeñan a la patria y por eso estamos como estamos.

Para el desempeño de la Presidencia de la República ya no se diga, se trata del máximo representante de la población en general, en consecuencia los requisitos tienen que ser más estrictos, no de “instrucción notoria”, el término en sí es vago, la Constitución Política debe cambiar por “altamente instruido”, que lleva implícito estudios que incluyen la diplomacia, las relaciones humanas e interpersonales, dominio de dos o más idiomas, desde luego el conocimiento en la formulación de políticas de Estado, en otras palabras un estadista con buenas referencias de honestidad y principalmente con trayectoria política aceptable y comprobada.

Haciendo historia, ¿cuántos de nuestros presidentes han llenado estas características mínimas?

Si un partido político dice luchar por el desarrollo del país, no hipócritamente, tiene que rebuscarse entre sus afiliados primero, evitando preferencias, luego en la sociedad civil, donde sí existen algunos profesionales idóneos, quienes no han querido ingresar a la política por el desprestigio que le han causado al sector pocos o muchos de sus integrantes y no desean manchar sus imágenes de honorabilidad. Si los salvadoreños queremos salir adelante debemos exigir a los partidos presentar candidatos capacitados para administrar y dirigirnos, pero es necesario que en la enseñanza básica a sus diferentes niveles de estudio hayan conocido sobre la estructura del gobierno y sus funciones, así muchos jóvenes puedan ingresar al sistema político.

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