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Los populistas, el mesianismo y la indolencia de la derecha

Una vez más me enfrento con un tema que debe ser tocado, pero que de antemano sé, ha de causar todo tipo de insultos hacia mi persona, por parte de los “pacíficos” seguidores del populismo pseudomesiánico bukeliano y de la derecha indolente, que sigue cantando sus glorias, creyendo que se puede tapar el sol con un dedo; mientras piensa que se tiene el triunfo asegurado, como en “Toy Story”, hasta el infinito y más allá...
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José Miguel Fortín Magaña / Médico psiquiatra

José Miguel Fortín Magaña / Médico psiquiatra

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Aquí, el trinomio está constituido, primero por un mitómano, mister Bukele, quien es capaz de mentir descaradamente y delante de todos sin ningún empacho, como cuando se inventó la definición del populismo en la Universidad de El Salvador, llegando incluso a argumentar como fuente el diccionario Larousse; o como cuando recientemente dijo que llevó 200,000 firmas para la inscripción de su partido, siendo el caso que solo recibió 1,995 libros y de ellos no devolvió 37, refiriendo que los “había perdido”, entregando los restantes con múltiples tachaduras, sellos de anulado en varios folios y páginas en blanco, faltando por revisar cuántas firmas son legales y legítimas.

El segundo elemento de la ecuación son los seguidores hipnotizados por ese oscuro personaje, quienes no se cuestionan ni investigan nada de lo que dice. Volviendo al mismo ejemplo, ¿cuántos se molestaron en revisar lo que el diccionario verdaderamente decía sobre la definición del populismo? ¿Cuántos utilizan el mismo espíritu crítico con el que destazan a los partidos políticos (muchas veces con razón) para analizar los argumentos que esgrime quien pretende liderar al nuevo grupo? ¿Se han preguntado cuáles son en síntesis las nuevas ideas? ¿O si al final estas son buenas? Porque no podemos olvidar que las viejas ideas, las probadas, si son correctas, se mantienen en el tiempo y no se desechan por tener muchos años, como el caso del cristianismo, que ya lleva más de dos mil y seguimos contando.

Pero acá estoy hablando con los seguidores honestos, los que se ven seducidos en esta nueva vía, por culpa de la podredumbre de muchos de los políticos tradicionales que solo miran hacia sus bolsillos y para quienes la Cosa Pública no es nada más que una forma de enriquecerse. Claro que no desperdicio el tiempo en hablar a los troles pagados por la nueva secta o a los oportunistas, que como moscas se acercan a la carne porque “huelen” que ahí está la comida. Tampoco hablo a los teóricos marxistas que se han incrustado en el movimiento, porque ellos tienen una agenda, que no comparto y que tampoco podré cambiar.

Y finalmente advierto el tercer elemento del trinomio, la derecha indolente; la que se reúne en pequeñas celebraciones casi todos los días y aplaude triunfante su gane adelantado. Incluso repartiendo ya los puestos. ¡Cuánta banalidad! Me duele tanto ver cómo en medio de vítores van metiendo de a poco el caballo de Troya en la ciudad, sin siquiera percatarse de que quien los está dividiendo es el mismo pseudomesías, quien todas las semanas les escupe veneno desde uno de sus muchos medios digitales y ello, ilusos y enfermos por su propia división, mientras celebran hacia adentro de la facción ganadora, insultan a la otra y la acusan de ser la responsable de todos los problemas o desinformación que notan.

Si las fuerzas productivas no se unen, dejan de pelear entre sí y no entienden que la política debe ser servicio y no un medio para servirse del Pueblo, pronto todos conoceremos el verdadero rostro del más horrendo populismo y que no toda nueva idea se encamina hacia el bien.

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