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Los problemas se resuelven con soluciones serias y sostenibles no con triquiñuelas de ocasión

El ejercicio político ha contribuido a ello de modo irresponsable y descontrolado, y por eso la política viene perdiendo confianza y crédito en la percepción general.
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Los problemas se resuelven con soluciones serias y sostenibles no con triquiñuelas de ocasión

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Todos los problemas, independientemente de la dimensión que les caracterice, tienen su propio entramado, al cual hay que responder apropiadamente para que se abran las posibilidades de solución efectiva. En las condiciones actuales, los más serios y complejos problemas del país requieren justamente eso: ser tratados como tales, en la dimensión, en el arraigo y en las complicaciones que tienen, para poder resolverlos como debe ser. Es lo que no se ha hecho hasta el momento, y por eso vemos cómo la problemática no sólo se va volviendo más intrincada y agresiva, sino cómo va en aumento la sensación de que no hay soluciones disponibles, lo cual incrementa la inseguridad y promueve el desaliento, que son fuentes vivas de malestar y de cólera en los diversos niveles del ambiente.

En estos días, para el caso, está saliendo a luz nuevamente, y con nuevos detalles reveladores, lo que hubo alrededor de la famosa “tregua” entre pandillas que se activó allá en marzo de 2012. El hecho se publicitó en su momento como un esfuerzo acordado entre grupos pandilleros para ir disminuyendo la violencia homicida en el ambiente. Lo que desde el inicio llamó la atención fue que no se trataba de hacer una disminución general de homicidios sino sólo de reducir las muertes entre pandilleros. En efecto, las cifras de muertes comenzaron a bajar significativamente, y eso se aireó en su momento como una muestra de éxito estratégico en el tratamiento de agudo problema de la violencia imperante. Desde luego, todo aquello estaba rodeado de artificios, que pronto comenzaron a hacerse sentir.

La “tregua” se disolvió, y las cosas volvieron a su curso traumático, dejando una lección irrefutable, que es lección sabida: para que haya solución verdadera tiene que haber tratamiento consistente. Como se está destapando con el tiempo, lo que hubo entonces fue un canje de beneficios entre los pandilleros y las autoridades; beneficios que, desde luego, se daban a costa de la legalidad existente. No es así cómo hay que enfocar y tratar las cosas. Cada problema tiene su propia lógica y su propia magnitud, y si éstas se dejan de lado para intentar oscuras veredas alternativas, lo que resulta es el agravamiento de los hechos y la creciente imposibilidad de poner en práctica los remedios correspondientes. Tendríamos todos que asumir esta verdad, que resulta de la realidad misma, y que nos pone en el reiterado compromiso de hacer bien las cosas en todos los sentidos del término.

Pero, por supuesto, no sólo en el punto de la seguridad hay que mostrar la debida coherencia entre lo que se requiere y lo que se aplica. Otro ámbito en el que hay urgencias acumuladas es el referente al crecimiento económico y a la estabilidad financiera. En ambos aspectos venimos padeciendo crisis crónica, que afortunadamente no ha llegado a extremos desestabilizadores, aunque nunca deja de haber el riesgo de que los haya si no se movilizan las políticas y las medidas pertinentes en los tiempos oportunos. Hay que partir de un hecho: no crecemos como se debe ni nos organizamos como se exige. Esto último acarrea lo primero. Y volvemos a lo mismo: con improvisación no sólo no se avanza sino que más bien se retrocede, como se constata en lo que sucede a cada paso entre nosotros.

Hay dos conceptos que son inexcusables dentro de una dinámica que responda de veras a las exigencias del progreso en sentido real y funcional: el orden y la disciplina. Sin orden no es factible articular las energías que se tienen a la mano en los momentos sucesivos de la evolución nacional; y sin disciplina no se puede lograr que dichas energías interactúen de manera consistente. En nuestro país, el desorden y la indisciplina vienen campeando desde siempre, y las consecuencias de ello son cada vez más lacerantes. El ejercicio político ha contribuido a ello de modo irresponsable y descontrolado, y por eso la política viene perdiendo confianza y crédito en la percepción general.

Hay que aceptar sin más reservas un hecho que nos atañe y nos compete a todos, independientemente de la situación socioeconómica o de la percepción política respectiva: sólo en clave de país se hace viable lograr avance de país. Las neuras divisionistas no pueden mantenerse activas impunemente. La integración nacional es la única agenda que puede sacarnos adelante.

Tags:

  • politica
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